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Cuando existe la esperanza, todos los problemas son relativos

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La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como unas palabras bondadosas"

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Desde el Taller de autoestima de León: "La humanidad se llama Teléfono de la Esperanza"

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Foto de   Desde  el Taller de autoestima de León: "La humanidad se llama Teléfono de la Esperanza"

TELEFONO DE LE ESPERANZA, UN LUGAR DONDE LAS PERSONAS SON LA PRIMERO

 

Testimonio a pie de obra del Taller de Autoestima: "La Humanidad se llama Teléfono de la Esperanza"

 

DE VUELTA A CASA

 

Ocurrió casi de repente. Un buen día mi vida dio un brusco giro y se desmoronó, tirándome en la cuneta de la angustia. Un tsunami de sentimientos me anegó por completo, de manera que durante mucho tiempo, demasiado, fui incapaz de entender qué me sucedía. Sentía ira, mucha ira, odio, dolor, autocompasión, etc. Cegada por completo luchaba contra todo y contra todos, como si mi cuerpo estuviera encerrado en una gruesa urna de cristal. Por más que golpeaba las paredes era incapaz de hacerle un mínimo rasguño para tener una esperanza de huída. Sólo lograba machacarme aún más y desgastar mis ya mermadas fuerzas.

 

Al final tuve que rendirme a la evidencia: tras meses de lucha, tan enconada como estéril, estaba completamente derrotada, desfallecida en un campo de batalla en el que ya no quedaba nada de todo aquello por lo que había luchado y que tanto había anhelado. Literalmente mis heridas me habían paralizado y me impedían moverme. Necesitaba una urgente cura que convirtiera mis heridas en cicatrices y retornara mis fuerzas ya exiguas.

 

No tenía ni idea por dónde empezar, así que me dejé llevar por esa increíble fuerza interior que siempre nos ayuda si se lo permitimos y encontré el mejor equipo de doctores del alma que podía desear. Uno de esos equipos se llama el Teléfono de la Esperanza. Un lugar donde escuchar y ser escuchada y donde las personas son lo primero. Confieso que tuve mis reservas cuando me recomendaron seguir ese camino, pero ahora sé que tomé una de las mejores decisiones de mi vida. El aprendizaje ha sido duro y, aunque aún no ha terminado y quedan heridas por cerrar, las medicinas aplicadas me han enseñado la verdadera dirección de la vida humana: el regreso a casa; la vuelta a mi propio centro, al rincón de mí misma donde soy yo de verdad, donde la luz es clara, nítida, tan grandiosa que puede desparramarse en todas direcciones en cuanto la descubres.

 

Una de las grandezas que se descubre en el Teléfono de la Esperanza es que ese “yo”, es en realidad un “nosotros” formado por el grupo de personas que comenzamos juntos este largo camino. Cada uno con su historia, con sus heridas, sensibles a las ajenas y dispuestos sobre todo a acompañar, a escuchar y a apoyar en todo lo necesario. En un pequeño espacio hemos encontrado humanidad, virtud tan en desuso hoy en día. En un mundo de prisas, de oscurantismo moral, un grupo de personas se atreven a hablar y a escuchar; a curarse y a curar; a darse y a dar.

 

Regresar a casa es difícil, pues con el ruido del mundo exterior algunos olvidamos el camino de vuelta. Pero en este pequeño rincón de León, llamado el Teléfono de la Esperanza, muchos hemos encontrado el umbral de entrada. Ahí estuvo todo el tiempo y no supimos verlo hasta que nos encontramos con el brillo sincero de los ojos de aquellas personas que se buscan a sí mismas.

 

La Humanidad se llama Teléfono de la Esperanza. Gracias por permitirme, por permitirnos descubrirlo y formar parte de ella.

 

Un cordial saludo.

Mª José Calvo Brasa

 

 

 

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