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Grupo de autoestima de León: "¿Qué estoy haciendo con mi vida?"

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Foto de Grupo de autoestima de León: "¿Qué estoy haciendo con mi vida?"

¿Qué estoy haciendo con mi vida?

 

 
Hay una persona a la que quiero mucho, que hace tiempo me dijo que yo no tenía problemas y por eso tenía una alta autoestima. Quizá tenga razón. Actualmente tengo un trabajo que no me quita mucho tiempo ni me da preocupaciones excesivas. Cuento con mucha gente que a la que quiero, me quieren y los tengo cerca. Vivo en un buen piso, en un barrio que me ofrece buenas oportunidades de ocio, y además no tengo que cambiar de hogar ni de ciudad desde hace mas de dos años. Esto no ha sido así siempre.

 
De pequeño me educaron mis padres, el colegio y la sociedad, en el seno de una familia acomodada de 4 hermanos, en un colegio que se puede clasificar de los mejores de León, al menos desde el punto de vista de las personas acomodadas, y en una sociedad perteneciente al primer mundo. El punto de partida ha sido bueno, no me puedo quejar, pero el camino por el que he transitado hasta llegar a lo que soy no fue ni fácil ni llano.

 
Nací con un defecto en la pierna, pues al dar a luz mi madre salí con los pies por delante y al dar un tirón el médico me interrumpió el crecimiento en una pierna, con lo cual llevé aparatos ortopédicos hasta los 8 años, lo que no me permitía hacer con soltura las actividades de esa edad.

 
Años después comencé a correr, y no he dejado de correr, cuando el tiempo me lo ha permitido. Nunca he ganado ninguna carrera, nunca he competido, pero siento una gran satisfacción cada vez que salgo a correr, entre otras cosas porque compito contra mí mismo.

 
En el colegio no destacaba en nada, ni en el deporte, ni en los estudios. Era bastante nervioso y uno más del montón, pero desarrollé con el tiempo un extraño afán de superación, y una inquietud por hacer de este mundo algo mejor a través de mis actos.

 
A los 16 años, los amigos del barrio comenzaron a consumir drogas. Primero alcohol, luego porros, después anfetas, hasta llegar a la heroína. Yo me quede tímidamente en los porros, y cambié de amigos, no sin antes ver en lo que se quedaba aquello: un montón de desastres de salud y problemas que iban desde la hepatitis a la delincuencia.

 
A veces creo que no sé cómo me libré, pero unos padres a los que hice un poco de caso y una búsqueda de pasarlo bien por otros medios, y con otra gente, me hizo remontar a un nuevo mundo lleno de posibilidades. Conocí en el instituto a los amigos que después de más de 20 años forman aún una parte muy importante de mi vida y que me han querido, sobre todo, que me han apoyado siempre, que fueron fundamentales para encauzar mi nueva situación . Uno de ellos en una ocasión me dijo con fuerza y decisión que yo no era un perdedor. Desde entonces, nunca más me compadecí por lo que había vivido y decidí totalmente dejar mi experiencia con aquellos amigos anteriores atrás, y me concentré en ser voluntario en el mundo de la prevención de drogas, hasta terminar la carrera.

 
Mis padres quisieron a toda costa que hiciera una carrera, en concreto, la misma que había hecho mi padre. A mí no me llamaba en especial la atención, pero suspendí la Selectividad y decidí guiarme por su consejo. Años más tarde, esta lucha se convirtió en una lucha constante. Me costó muchísimo esfuerzo personal sacarla, y luego durante mi vida laboral sufrí mucho a causa de unos objetivos que no me sadisfacían, de unas responsabilidades que me afectaban más personalmente que los que conlleva un trabajo, y desarrollaron en mi una personalidad desarraigada, independiente, sin ideales, mercenaria y hasta vagabunda. Lo único que buscaba era sobrevivir, pero no ser feliz. Con unos horarios eternos, unas misiones difíciles (estuve en varias empresas que había que sacar de números rojos), y un trato cuanto menos asocial, sobreviví. Incluso gané bastante dinero.

 
Pero un día surgió la pregunta: ¿Qué estoy haciendo con mi vida? Cuando surgió la mínima oportunidad de emprender el camino a casa no lo dude, y así volví a León, al lugar que a veces dejó de ser mi hogar, regresé junto a mi familia y mis amigos, pasando de ser "Juan sin Tierra", a reencontrarme con todo, con mi vida.

 
No ha sido fácil adaptarme. Venzo cada día los miedos y los problemas de pensar si llevo la dirección indicada. La consecuencia de tantos años de soledad implica reacomodarse a tanto tiempo, a tanta gente y a tantos nuevos pensamientos... Pero creo, por encima de todo, estar haciendo lo correcto, y volver a darme esa oportunidad que me había negado durante tantos años, de merecer lo mejor y de atreverme a venir a buscarlo.

 
He vuelto a un punto de partida con la ilusión de que no importa lo que ocurra: importa lo que puedes hacer con lo que ocurra.


 

                                                José M., desde los grupos de autoayuda

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