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Entrevista con el leonés Juan Daniel Rodríguez: periodista, orientador laboral y, últimamente, desempleado: "En el Teléfono de la Esperanza me he encontrado fenomenal"

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Foto de Entrevista con el leonés Juan Daniel Rodríguez: periodista, orientador laboral y, últimamente, desempleado: "En el Teléfono de la Esperanza me he encontrado fenomenal"

 

TRES DIAS DE ENTREVISTA CON JUAN DANIEL RODRÍGUEZ: Periodista, orientador laboral y, últimamente, desempleado.

“Un enamorado de los suyos, de su pueblo y de la vida”

1º.- ¿Te importa compartir tres o cuatro datos autobiográficos que para ti sean más relevantes?

Me nacieron en diciembre de 1966, cuando me tenían acabado el abrigo que diría Gila, en un escaño de esos de antes en casa, en Villeza, un pueblo pequeñín cerca de Sahagún. Soy el menor de cuatro hermanos de una familia de labradores, tres chicos y una chica. Estudié hasta 5º de EGB en la escuela de Villeza, y el resto del colegio lo hice en Sahagún, al igual que BUP y COU en el instituto, haciendo un par de horas de autocar cada día en ir y venir. Luego hice la carrera de periodismo en la Complutense de Madrid y desde 1990 vivo en León. Bueno desde hace doce años vivo en La Virgen del Camino, pero visito con mucha frecuencia Villeza y Campo de Villavidel, el pueblo de mi mujer, Cristina, donde arreglamos la casa familiar. Tengo dos hijos, Samuel y Darío, de 13 y 11 años. Por cierto, el banco donde nací está en el merendero junto a la bodega de Villeza y me gusta sentarme en él cuando estoy allí. Le guardo mucho cariño. Fui el último chaval que nací en el pueblo, a partir de mí fueron todos a nacer al hospital de León.

2º.- Mirando un poco más hacia el interior: ¿Quién es Juan Daniel?

Me considero un tipo normal, con un gran amor hacia mi familia que es muy extensa, sobre todo por la parte política, y con un gran arraigo hacia las raíces, con mis antepasados, con mi pueblo del alma o mi alma de pueblo que es lo mismo. Lo de ser periodista es circunstancial, pero no me quejo, he aprendido mucho durante más de 20 años de profesión. Simplemente me gusta escribir. Si miro hacia mi interior veo a una persona sensible, pendiente de los demás y confieso que me muevo entre la melancolía y la nostalgia. Soy fetichista, conservo papeles y objetos viejos de recuerdo pero totalmente inútiles. A la gente también le sorprende que me gusten canciones de Los Pecos y de Perales, entre otra mucha música claro.

3º.-  Tu primer libro publicado – Sucedió en Villeza – está dedicado “a mi madre Felisa y a mi Tío Pepe, la luna y la estrella que me guían”. ¿Qué significa Felisa en tu vida? ¿Qué tienes de ella? ¿Sus mensajes preferidos?

Una madre es una madre, alguien insustituible, la persona que te dio la vida, que más me amó, que me alimentó, me vistió, más me enseñó… Pero si además tienes la suerte de dar con una mujer tan vitalista, activa y sabia, pues como para no estar orgulloso de Felisa. Murió en 2007 con 77 años después de sufrir un cáncer de pecho. Durante toda su vida fue de servicio a los demás. Empezó cuidando a sus abuelos, luego a sus padres, a sus suegros y durante toda su vida a su hermano Pepe, mi tío, que era disminuido pero tremendamente cariñoso con todo el mundo y también muy sabio. Yo aprendí mucho de Pepe. Ese sí que tenía frases y dichos gloriosos. Y Felisa sacaba tiempo para las tareas de casa, la era, el campo, la huerta, los animales… Cuando nos sentábamos a comer ella seguía haciendo cosas. De nada servía echarle la bronca. “No he tenido tiempo ni de ir al baño”, decía. Alguna vez llegaba a casa de fiesta y me la encontraba tendiendo la ropa a las 3 ó 4 de la mañana. No sé cómo resistía, apenas dormía. Bueno, a veces la encontrábamos dormitando sentada mientras hacía que cosía. Era profundamente religiosa, por eso no se perdía misas o rosarios. Visitaba a los enfermos. También tenía una clara tendencia política, pero no la política esta de corruptos que tenemos arriba, sino la de servicio a la comunidad y fue una legislatura teniente de alcalde del Ayuntamiento de Vallecillo en una candidatura que eran todo mujeres. Y sin embargo tenía todavía tiempo para leer y escribir, porque era una persona muy culta y le gustaba estar informada, siempre con sus diez transistores en los bolsillos, la habitación, la cocina… Y quizá eso es parte lo que tengo de ella, esa curiosidad innata de conocer, de aprender de los demás, la capacidad de trabajo, el gusto por la escritura, la sensibilidad hacia todo lo humano. Creo que soy bastante luchador y Felisa fue una gran luchadora toda su vida. Tenía muchas frases, pero ahora recuerdo una que resume mucho su personalidad. A dos meses de morir mi hermano Raúl le gravó una entrevista y la preguntó que a quién ofrecía el sufrimiento que estaba pasando y ella muy lúcida dijo que se lo ofrecía por la paz del mundo.

4º.- Tu segundo libro – Villezayer – va por “Cristina, mi mujer, y por mis hijos Samuel y Darío, tres seres imprescindibles”. ¿Qué te evocan esos nombres? ¿Qué ha supuesto para ti el ser padre?

Decir que Cristina es la mujer de mi vida no puede extrañar a nadie porque cuando nos conocimos yo tenía 16 y ella 18 años. Empezamos a salir medio año después de que nos presentaran en La Estrella, la discoteca de Mansilla que tantas parejas formó a lo largo de muchos años. Eso quiere decir que llevamos 30 años unidos. Hemos disfrutado mucho juntos, viajado bastante por medio mundo y también hemos sufrido juntos la pérdida de sus padres ella y de mi madre yo. Es maestra y psicóloga y lo pone en práctica cada día con los de casa primero. Mucha parte de mí es de ella. Yo confieso que sentí muy pronto el sentimiento de paternidad y si por mí hubiera sido hubiéramos tenido hijos mucho antes. Pero faltaba estabilidad laboral y económica. Y cuando nos lanzamos llegó Samuel en el 99 y fue una gozada. En mi familia era el sexto nieto, pero en la de Cristina era el tercer bebé que nacía de los seis hermanos que son, pero el segundo hacía 20 años que había llegado. Por eso estuvo muy mimado y atendido. Samuel era simpático, alegre y muy movido y sin embargo ahora  se ha convertido en un chaval responsable y cumplidor. Estoy tremendamente orgulloso de él. Y casi dos años después, en 2001, llegó Darío, y claro los segundos pasan más desapercibidos, tienen menos atenciones, menos fotos… El pequeño vimos pronto que tenía habilidades físicas para practicar deportes y es el futbolista de la familia que milita en el equipo de La Virgen. También les hemos metido la música en el cuerpo y la verdad es que Samuel es todo un violoncellista y Darío le aporrea bien a la batería. Ser padre es algo maravilloso y yo digo que es lo más natural, es nuestra misión más importante en la vida, hacer que la especie humana perviva y a poder ser que mejore, aunque esto no sé yo. Podría parecer que voy deprisa, pero ya me hace ilusión pensar que algún día pueden hacerme abuelo. Yo conocí a los cuatro abuelos y confieso que de todos ellos tengo algo porque me dio tiempo a aprender de los cuatro cosas buenas.

5º.- A tu padre, Teyo, dedicas tu tercer libro – Villeza la tribu- del que dices que es el “sol que alumbra y el espejo en el que me miro”. Confiesas de él que en una ocasión te dio una paliza memorable, en otra una paliza de mediana intensidad o que te reñía siempre… ¿Qué significa tu padre y qué rasguños internos te ha quedado de aquellos pescozones?

No se me olvidan y eso fueron unas hostias como panes. Además tiene unas manos como raquetas. Sí recuerdo haber llegado a odiar a mi padre en aquellos momentos puntuales o cuando me obligaba a ir a las tierras, a las viñas a trabajar o a cuidar las vacas cuando ya había quedado con la pandilla para jugar al fútbol en la era o a tiros por el pueblo. Como mis dos hermanos se fueron a estudiar a los frailes me tocaron a mí los trabajos cotidianos del campo y eso supuso muchas horas de charlas con mi padre mientras podábamos los majuelos, segábamos, trillábamos, molíamos o sacábamos el abono de las vacas. Y muchas horas dando patadas al campo mientras cazábamos juntos, una afición que él me metió en vena y me enseñó, aunque fuera con mi abuelo Juan con quien empecé a salir de caza. Eso une mucho. Desde luego que no le guardo rencor por aquellos pescozones. Eran otros tiempos, otra educación. Sólo quería ‘enderezarme’. Yo no suelo poner la mano a mis hijos cuando me enfado con ellos o me sacan de quicio, que también de eso hay. Mi padre tiene 80 años y bastantes achaques porque ha trabajado como un burro para sacar a su familia adelante. Disfruto mucho con él cuando le visito o le llevo a Villeza a atender los perros, la huerta o los pollos y tomamos un vinín en la bodega. Encierra a todos mis antepasados juntos. Concentra también todos los valores que me gustan como el amor a la familia, al pueblo, a la tierra. Sé que él también está orgulloso de mí, de mi vida de periodista y del rumbo de mi vida en general. Él también tuvo vocación de servicio porque fue 8 años alcalde del Ayuntamiento y 12 pedáneo. Qué voy a decir de un padre que me casó por lo civil cuando era alcalde en la escuela de mi pueblo. Yo de mayor quisiera ser como mi padre.

6º.- “A mis hermanos Teyín, Elena y Raúl, auténticos consejeros de la vida”, recuerdas en tu última obra dedicada a los pastores. ¿Qué te aporta cada uno de ellos? ¿Qué ves en ellos?

Mi hermano Teyo, Teyín, me lleva 11 años y cuando nací se fue a estudiar a los frailes a Almagro. Luego empezó a trabajar y se casó en Cáceres y para mí era un perfecto desconocido hasta hace algo más de 20 años que nos encontramos, que coincidimos en Madrid cuando yo estaba acabando de estudiar la carrera y nos dimos cuenta la cantidad de cosas que nos unían, además de nuestros padres, como es el amor por Villeza, por sus gentes, sus bodegas, sus costumbres, su forma de hablar… Creo que yo le he ayudado a ver Villeza con otros ojos y él por su parte me ha transmitido otros valores como la vida sana, la montaña o el deporte. Poco más puedo decir de una persona que colecciona piedras y que cuando se siente mal abraza a las encinas o si le duele el codo o la rodilla se cura dándose calor con su propia mano. Es un poco chamán. Con Raúl he coincidido más porque estuve viviendo con él los cinco años de carrera en Madrid y porque he llegado casi a idealizarlo, pues era la parte artística, el llamado a ser famoso. En los años 80 se dedicaba a hacer video-arte, vídeo instalaciones, cine, teatro… Participé con él en muchas movidas en Madrid, vi mucho cine de autor en esa época y aprendí cantidad de cosas de imagen en montajes y de fotografía, de ahí mi gran afición a las fotos. Nos hemos llevado siempre muy bien, hemos compartido confidencias como más que hermanos y hasta se casó y tuvo dos hijos con Pilar que era mi amiga y compañera de facultad. Desde que se dedica exclusivamente a la escritura he tutelado y revisado sus libros, permitiéndome hacerle hasta alguna corrección que para eso me dedico a esto de juntar letras. Más que escritor yo le considero un filósofo de la vida, es tremendamente profundo, a veces se me escapan sus reflexiones espirituales, pero tiene como mi madre una gran inquietud creadora y vocación de ayuda a los demás. Sus palabras y reflexiones son verdaderas sanadoras del espíritu. Es muy franco con sus libros, escribe de lo que ha vivido: de la muerte de mi madre, de las separaciones de pareja y educación de los hijos, de las experiencias religiosas… Doy fe que en estos tiempos que vivimos los libros de Raúl están haciendo mucho bien a mucha gente. Escribe verdad. Raúl es de esos hermanos que merece la pena tener. Y Elena me lleva tres años pero conviví muchos con ella en el pueblo. Jugamos juntos, trabajamos juntos, estudiamos juntos y estuvimos muy pendientes uno del otro. Nos contamos nuestros primeros amores platónicos y cuando ella se fue a estudiar a Cáceres mantuvimos una correspondencia muy fructífera y enriquecedora. Cuando ella formó su propia familia con Javier (otro gran tipo que apareció en escena) y tuvo a sus dos hijas, María y Lucía, es cuando yo emprendí mi camino con Cristina y nuestras vidas han transcurrido cercanas y en paralelo. Elena es otra calcamonía de Felisa, hasta en la cara. Volcada con su familia. Dejó el trabajo para dedicarla a sus hijas y luego no ha parado de cuidar a los mayores enfermos: madre, suegra, padre… Médicos, compras, comidas, casa… casi sin vida propia porque eso la absorbe… Tiene un corazón como una casa. Yo digo que es un ángel viviente, siempre pendiente de todos. Menuda hermana que me tocó, una suerte, una lotería vaya.

7º.- Villeza es tu palabra más utilizada en tus escritos. ¿Qué es Villeza? ¿Sus luces y sus sombras?

Hasta los 19 años Villeza sólo era el lugar en el que el destino había querido que naciera, donde había vivido y donde vivían mis padres. Pero en 1989, ya instalado en Madrid, casi por casualidad entré en la sacristía de la iglesia y me encontré con tres libros: matrimonios, defunciones y nacimientos. Empecé casi de broma pero me enganché a tirar del hilo y después de meses casi de obsesión logré sacar mi árbol genealógico de la línea paterna desde el año 1600. Eso me marcó. Durante estos 25 años he tenido muy presentes a mis antepasados, he pensado en cómo vivirían entonces, en qué casas, qué penurias pasarían, en las muertes, los bautizos, las fiestas… Eso me llevó a recopilar tradiciones, fotos antiguas, a recuperar fiestas como la pastorada que allí llamamos La Cordera, Los Refranes de San Antón, San Isidro. Hasta un verano recuperamos, junto a mi hermano Raúl, los trabajos que se hacían entonces: la siega, la trilla, limpiar el grano, moler, hacer pan… Y eso, junto con mis recuerdos de la niñez,  mis sueños del pueblo y mis poemas, lo he publicado para mis paisanos y mis amigos, sin grandes pretensiones. Ya sabes que dicen que los periodistas somos escritores frustrados. La única sombra es que Villeza parece que languidece. En invierno no llegan ya a 30 habitantes y no hay apenas jóvenes quitando tres chavales. Veo complicado revitalizar este como otros muchos pueblos de León.

8º.- “Lo mejor de nuestras vidas reside en el pasado”, has escrito. ¿Qué tiene tu pasado que no tiene el presente? ¿Qué añoras hoy del ayer?

Está claro que el presente y el futuro tienen sobre todo incertidumbre. No saber qué te va a pasar crea una cierta angustia con la que no es fácil convivir, aunque para muchos esa sea la chispa de la vida. Lo que quiero decir es que el recuerdo del pasado, como puede ser nuestra niñez si es que esta ha transcurrido en un ambiente de más o menos felicidad, nos puede contagiar un poco de esa felicidad, podemos fabricar endorfinas buenas. Y como nuestra memoria es sabia aunque se diga que es selectiva, pues tiende a recordar sólo lo bueno y olvida lo malo. Pues a mí me reconforta volver a aquellos pasajes intensos del pasado que fueron buenos, aquellos recuerdos bonitos. Por eso llevo la cámara de fotos siempre y disparo en cualquier momento que creo que merece la pena volver a recrear algún día. No importa cuando. Algún día sorprendo a mi padre releyendo alguno de estos libros míos y me confiesa que le gusta, que se siente bien. A eso me refiero. Eso no quiere decir que reniegue del presente y que no quiera planificar el futuro. Soy muy consciente de que hay que ganarse el garbanzo para sobrevivir en este mundo, pero creo que dedico más tiempo a planificar momentos de los placenteros como viajes, cenas, encuentros de amigos, jornadas de caza… que sé que merecen mucho la pena.

9º.- “Mi vida está llena de cosas sencillas, de acontecimientos simples, rutinarios”, dices. ¿Qué te emociona y qué te saca de quicio?

Si lo digo supongo que será porque siento que no hago nada extraordinario al resto de mortales que me rodean. Por ejemplo, creo que tengo paciencia para hacer algo rutinario y monótono, porque eso me permite pensar, meditar en mis cosas mientras lo hago y cuando acabe seguro que si ha salido bien tendré una satisfacción segura al comprobar el trabajo bien hecho. Tampoco soy perfeccionista, que con eso se sufre mucho. Me emociona ver salir el sol, nacer un bebé o un caballo, nacer una patata, una flor o cualquier otra planta. Creo que todo lo que nace me emociona, aunque me gusta también ver morir el día, la puesta de sol. Me saca de quicio la injusticia y por desgracia mucho de lo que ocurre últimamente a mi alrededor me parece injusto, empezando por las decisiones de los políticos que hemos votado para que nos hagan la vida más cómoda y veo que nos la están jodiendo más mientras ellos siguen cobrando sueldos de escándalo y viajan en sus coches oficiales a costa del contribuyente. Eso ya por no hablar de los ladrones, corruptos. Eso me cabrea bastante.

10º.- Coleccionas sueños y pastores. ¿De qué hablan sobre todo tus sueños? ¿Qué temen? ¿Qué anhelan?

Los sueños que recogí en mi libro ‘Sucedió en Villeza’ los apunté en Madrid justo en aquella etapa de cierta hipnosis que tuve con Villeza, cuando los libros antiguos. Estaba a 300 kilómetros y soñaba siempre con el pueblo y sus habitantes, vivos y muertos. Luego he seguido soñando, lógicamente, pero con distintos escenarios y personajes. Siempre he creído en la importancia de los sueños y he jugado a interpretarlos. Nuestro inconsciente no crea películas así porque sí, siempre es por algo, bien porque estás pendiente de tomar alguna decisión y el sueño te abre camino y te da pistas sobre lo que debes elegir mejor, o porque te ha ocurrido algo el día antes y te han quedado cosas pendientes. Los sueños son clarificadores y lo bueno es que los creas tú mismo. Aparentemente son escenas absurdas, inconexas, pero yo creo que no, que todo tiene conexión a poco que imagines y que te preguntes porqué se ha formado ese sueño. Animo a la gente a que cuando despierte y recuerde algo de un sueño, aunque sea sólo una parte, tenga papel y boli a mano para apuntarlo, antes de que se desvanezca. Cuando ya esté bien despierto puede analizar ese sueño, siempre hay algo interesante en su guión.

11º.- Cinco años de tu vida te los has pasado fotografiando pastores. ¿Qué buscabas en ellos? ¿Quién te dejó más huella? ¿Su nombre?

Lo de los pastores fueron cinco años de mi vida que me dediqué a hablar y a fotografiar a pastores allá donde iba, la mayoría en la provincia de León. Fue una experiencia sensacional. Casi siempre al lado de la carretera. Dependiendo del tiempo con el que contara eran conversaciones más o menos largas, pero por lo general yo era el que tenía que cortar porque son personas necesitadas de expresar sentimientos. Es mucha la soledad que pasan. Es una profesión en declive que yo siempre he idealizado: todo el día en contacto con la naturaleza y contigo mismo. Me he encontrado muchos filósofos, personas que han reflexionado mucho sobre la vida y el paso del tiempo. Te puedo decir que de cada uno aprendí algo, pero si me tengo que quedar con uno sería con Jesús Rodríguez, de Villaverde de Arcayos, que cuando le conocí tenía 90 años y 90 ovejas. Su foto la puse en la portada de mi libro. Era un hombre sabio y muy humilde. Le visité varias veces después antes de que muriera porque me transmitía una paz y unas enseñanzas tremendas. Poca gente queda como Jesús. Bueno, la verdad es que lo que quedan cada vez menos son pastores.

12º.-  “Siempre llevo conmigo una cámara de fotos…”. ¿Qué te gustaría fotografiar que aún no lo hayas hecho? ¿A quién te gustaría robar el alma con tus fotografías, como dices que piensan los indios Apache?

No busco la fotografía perfecta, la de concurso. Yo suelo fotografiar momentos, esos momentos mágicos que sé que son irrepetibles, únicos: un encuentro de amigos, una reunión familiar, un paisaje con niebla, con nieve… mi Villeza de noche o al oscurecer. Esa foto que pasados unos años todos sabemos que nos provocará una sonrisa volver a ver, comprobar el cruel paso del tiempo, el recuerdo de un momento que rozaba la felicidad. Desde luego que me gusta fotografiar a personas, pero a las más cercanas. Entiendo algo de encuadres y de luz, pero no llevo una cámara grande ni buena porque me interesa más una pequeña y manejable que pueda desenfundar en pocos segundos para que no se me escape ese momento del que hablo.

13º.- Durante años fuiste poeta. ¿Qué querías expresar con tus versos? ¿De qué hablaban?

Sí, fue una necesidad la de expresar sentimientos de esa forma oculta, un poco en clave que tiene la poesía. Cuando empecé a practicar el periodismo desapareció esa necesidad y comencé a comunicar mi visión del mundo a través de la información y de mis escritos personales. Son medio centenar de poemas que hablan de amor en la distancia, de desesperanza, de incertidumbre y simplemente de un estado de ánimo que quería dejar plasmado en negro sobre blanco.

14º.- En uno de tus poemas hablas de tu “enemiga la tristeza”, en otro de alimentar “de sangre la tristeza…” y en un tercero de “olvidar la tristeza por un momento”. ¿De qué te habla la tristeza? ¿Cómo es? ¿Qué te desvela?

Hace años buscaba esa tristeza como compañera de viaje, hasta me sentía bien a su lado, aunque con el tiempo creo que era pura melancolía y nostalgia de tiempos mejores. Pero llegó un momento en que la carga de esa tristeza era demasiado pesada para llevar a la espalda y opté por, siempre que pudiera, sustituirla por el optimismo, pues lo de la alegría no es algo que esté al alcance de cualquiera a diario, más en los tiempos que corren. Pero no me duelen prendas en reconocer que soy dado a mirar demasiado al interior y eso quizá acaba pasando factura en forma de pena. La tristeza no es mala bien administrada, sino se convierte en patológica. Últimamente opto por provocar la charla y buscar en los demás las respuestas que durante muchos años yo llevo buscando en solitario.

15º.- Has pasado por varias crisis importantes, especialmente  en julio de 2008  haces crack. ¿Cómo te sentiste y cómo saliste de ellas? ¿Qué mensaje te trajeron?

Cuando decidí abandonar el periódico La Crónica en 2002 fue por un problema de estrés y de ritmo de vida que no podía aguantar. Tenía dos niños pequeños y no los veía. Aquel fue mi primer llamamiento del cuerpo que me mandó parar y le hice caso. Creo que fue un gran acierto. Durante dos años practiqué yoga y ese aprendizaje me vino fenomenal. En 2008 creo que se mezclaron también de nuevo un elevado ritmo laboral y la muerte de mi madre, que aunque hacía un año que había fallecido, no había llevado bien el duelo, no había llorado lo suficiente. De nuevo mi cabeza me dio un toque de atención y me mandó parar. Tuve una baja de siete meses hasta que me reincorporé al trabajo y lo que aprendí es lo bien que me vino ese ‘descanso’ si se puede llamar así. Pude por un lado relajar mi cuerpo, mi mente y empezar a asimilar que la muerte de mi madre tenía que empezar a asumirla con naturalidad, aunque no me acabe de convencer eso de natural. En mi familia paterna existe una propensión a la depresión y he llegado a asumir que yo también sufro esa dolencia, por eso no tengo problema en reconocer que llevo más de cuatro años en tratamiento preventivo a base de química, como otras muchas personas que conozco a mi alrededor. Es algo que ni me estigmatiza ni me impide llevar una vida más o menos normal. Lo que he aprendido es a hacer más caso a mi cuerpo y a mi mente, a ver indicios de cambios y a no temer a llevarlos a cabo.

16º.- “Cuando camine hacia la muerte espero no tener conciencia de ello…”, nos confiesas. La muerte de tu madre marca un antes y un después en tu vida. Ahora estás haciendo un taller de elaboración del duelo. ¿Qué te pasa con la muerte? ¿Cómo viviste la de tu madre?

En una época de juventud la muerte era un temor como supongo que el de mucha gente. Yo me recuerdo imaginando cómo sería mi muerte, unas veces por enfermedad, otras por accidente, lenta, trágica… he imaginado hasta mi funeral. Esa es una prueba inequívoca que la quiero alejada. Pero tengo dicho que cuando muera donen mi cuerpo a la ciencia después de donar los órganos si son aún aprovechables. No tengo miedo al sufrimiento, sino más a lo que pueden sufrir las personas cercanas a mí, más desde que entraron en escena mis hijos. Desde que detectaron el cáncer a mi madre hasta que murió pasaron siete años de médicos, unos mejores que otros, lo que hubiera servido para ir preparándome para ese momento. Pero cuando llegó el día no me resignaba a creerlo. Me hice el fuerte y creo que lo pagué. Mi madre era una columna importante que sustentaba mi vida y al morir se me derrumbaron los cimientos. Con el tiempo y con los consejos sabios de personas como los de mi hermano Raúl he ido aprendiendo que mi madre sigue viva en mí, que su manantial de energía sigue entre nosotros. Yo la veo como el ángel de la guarda que cuida no sólo de mí, sino de mi padre, mis hijos, mis hermanos, mis sobrinos… Tiene capacidad para atendernos a todos. Yo a mi madre la veo en la luna, tanto cuando la veo brillar en la noche como cuando está nublado o no la veo, porque sé que sigue ahí alumbrando, acogiéndome en sus brazos. Eso me reconforta. En el taller del Teléfono de la Esperanza me reafirmo en esa idea.

17º.- “He recibido de la vida el regalo más bello, mi familia, lo demás no tiene importancia”, nos has revelado. En un sueño dices que “la familia Rodríguez es un circo” ¿Qué tiene tu familia para dejarte ese eco tan grande?

Los humanos nacemos en la camada como el resto de animales para recibir protección. Eso está claro. Pero se supone que cuando puedes volar y correr libre debes dejar atrás esa camada para formar la tuya propia. Yo ya he creado mi nido, pero me resisto a abandonar a esa familia, todo lo contrario, alimento los encuentros pues la considero muy enriquecedora. Son hogares llenos de calor que me interesan mucho. Ya he contado cosas de mi mujer, hijos, padres y hermanos, pero es que tengo unos cuñados y sobrinos que parecen que comparten ADN conmigo porque estamos muy unidos. Merecen mucho la pena. La verdad es que son un regalo. Imagino que si soñé que mi familia formaba un circo sería porque cada uno tiene su número, su función, con la misma finalidad de hacer algo más feliz la vida a los demás.

18º.- “Cuánta gente reza sin saber porqué”, murmuras en un poema. “De pequeño me obligaban a ir a misa y al rosario”, has escrito. Y en otro momento dejas caer como un plomo: “Malditos ritos cristianos...”. ¿Qué imagen de Dios te transmitieron y qué cultura religiosa? ¿Sigues rezando? ¿A quién?

Cuando te obligan a hacer una cosa, como que no. A mí a Dios me lo metieron con calzador y llegué a asquearme, más que de Dios de todo lo que la rodea a la iglesia como institución. Mi madre era una exagerada del Cristianismo. Muy buena persona, pero demasiado influida por la jerarquía eclesiástica y sus dogmas. Cuando pude escaquearme me volví anticreyente. Cuando era pequeño le pedí a Dios algo importante para mí y me lo concedió. Eso me dejó dudas sobre su existencia. Siempre tuve esa duda sobre la divinidad y así como nunca he sentido la presencia del Dios de los cristianos sí por ejemplo creo ahora en mi madre como ser superior con poderes especiales. Me parece bien que cada persona crea en un Dios o en lo que quiera, que para eso es libre, pero yo a mis hijos, de momento, les he apartado de ese fundamentalismo cristiano. Les bauticé para hacer felices a los abuelos y por juntar a la familia y hacer fiesta, pero nada de primera comunión y tinglados parecidos. Cuando sean mayores ya elegirán la vida espiritual que quieran. El Cristianismo no ha evolucionado, está estancado, por eso creo que ha perdido tantos socios por el camino como yo.

19º.- “Reflexionar para mis adentros ha sido una costumbre que no ha decrecido con el paso de mis años”. ¿Qué descubres en esos adentros?

Hay mucha gente que no soporta eso de reflexionar, meditar, de mirar para adentro. No quiere descubrir las verdades de su yo más íntimo, es decir, que prefiere seguir viviendo el día a día tapando con la máscara lo que hay en el interior. Yo desde pequeño me recuerdo dándole a la cabeza, imaginando futuros. Tengo la imagen de caminar yo sólo por una zona de mi pueblo muy llana que se llama La Pornada donde hay una pequeña encina solitaria y ponerme debajo de un almendro de La Jana. Sentarme en el medio de la llanura y pensar sobre el rumbo de mi vida. Cuando voy de caza, aunque vaya con gente, tengo tiempo para pensar en la vida. Si hago deporte también miro hacia dentro. Ahora me sorprendo podando, por ejemplo, las viñas o los frutales, y disfruto pensando en mis cosas, pero sin angustia. Además de ideas propias me gusta pedir prestadas las de otras si de verdad me interesan. De todos modos, la vida va tan acelerada que no invita a pensar. Es más, a nadie se le escapa que hay personas interesadas en que pensemos lo menos posible para podernos manipular mejor.

20º.- De pequeño cuando te preguntaban que querías ser lo tenías claro: payaso. ¿Para qué?

Eso lo he escrito en uno de mis libros. Quería ser payaso y en el fondo algo lo he logrado ser. El payaso es esa persona que hace reír a los demás, que les hace felices por un momento. Esa era mi meta en la vida. Y yo, en una cena o en una sobremesa, soy el que empiezo a contar chistes. También soy de los que me gusta hacer el brindis porque siempre hay motivos por los que brindar: porque estamos vivos; porque se repita este encuentro; porque nuestras mujeres nunca se queden viudas; por ellas, por las más bellas, por las del cuello largo, por las botellas…

21º.- Durante doce años trabajaste de periodista en La Crónica de León. ¿Qué acontecimiento y qué personaje tuviste que narrar que te dejara huella?

Fueron doce años donde aprendí mucho. Siempre que entrevisto a alguien encuentro algo interesante, alguna frase que me sirve para mí y que suelo destacar en titulares. Eso va para el almacén del subconsciente y aunque no lo recuerdes de momento, algún día puedes echar mano de ello. Hubo mucho tiempo que hice periodismo humano y ahí coincidí con un maestro en esto que es Fulgencio Fernández, el tío Ful, que sigue muy activo. Algún día cubrí sucesos duros como el accidente de helicóptero en Robledo de la Valdoncina donde viví en directo cómo ardían los cuerpos de tres guardias civiles. Muy dura esa imagen, ese momento, que no olvidaré jamás. Fue también una suerte poder bajar al Pozo Calderón en Laciana cuando la primera Marcha Negra en el 92 y compartir charla con los 8 encerrados de la MSP del Comité de Empresa entre los que estaba Guillermo Murias. Tuve que hablar muchas veces con Zapatero cuando era político aquí en León, por eso cuando dio el salto a la política nacional y llegó a presidente del Gobierno le seguí muy de cerca. Me parece que ha sido un gran estadista, una persona que intentó mejorar la vida de la gente de este país y que no le dejaron hacer todo lo que le hubiera gustado. Me parece injusta esa mala imagen que muchos le intentan echar encima. Un tío con estrella que yo digo. Y también informé de los viajes de otro leonés que consigue todo lo que se propone, Jesús Calleja, del que me jacto de ser su amigo ahora que está en el estrellato.

22º.- De periodista a orientador laboral en el ECYL durante una porrada de años. Sin embargo a pesar del paro galopante, te han despedido junto a otros muchos orientadores de Castilla y León. ¿Por qué razones sobran orientadores para la Junta de Castilla y León? ¿Qué opinión te merecen los políticos con los que has tratado?

Al año siguiente de dejar La Crónica, en 2003, quería apartarme de la profesión y me presenté a unas pruebas para técnico de oficina de empleo. Quedé entre los 100 primeros de 2.500 que nos presentamos. Fuimos los encargados de echar a andar el Ecyl y de su modernización. Me contrataron por un año pero después de 9 años haciendo el trabajo sucio deciden despedirnos no porque sobremos orientadores, sino porque como éramos temporales lo justifican para reducir presupuestos de la Junta de Castilla y León. Esos políticos que tomaron aquella decisión son tan incompetentes e ineptos, como otros muchos que aparecen cada día en la escena de los informativos, que tras demandar ante los tribunales ese despido los jueces están diciendo que éramos indefinidos, que ese contrato estaba en fraude de ley y están declarando nulos los despidos y nos están teniendo que readmitir. Yo estoy a la espera de la sentencia, pero es casi seguro que me reincorporaré al trabajo y me tendrán que pagar salarios de tramitación, con lo que lejos de ahorrarse nada les saldremos más caros a la Administración. En un país serio los mismos jueces tendrían que condenar a esos políticos a correr con los gastos con su patrimonio personal por ser los responsables del claro atropello legal/laboral. Pero aquí no pasa nada. Seis millones de parados y no pasa nada, millones de euros en bancos de Suiza y no pasa nada. España va bien. ¿Cómo se va a fiar la gente en los políticos que dicen representarnos? Aquí haría falta una verdadera catarsis a modo de revolución y no la descarto.

23º.- ¿Cómo te sientes estando parado? ¿Qué expectativas manejas?

Muchos de mis compañeros han pasado meses de depresiones al no encontrar explicación al despido, por la importante labor que estábamos desarrollando y porque además lo estábamos haciendo bien, éramos útiles a la sociedad y hacíamos de orientadores, pero también de psicólogos y asistentes sociales escuchando y atendiendo problemas de todo tipo de la gente que entra en una oficina de empleo. Yo me lo tomé bien y antes de saber que iba a ser readmitido casi con total seguridad empecé a barajar algunos trabajos de futuro con los que ganarme la vida. Sólo llegué a la conclusión de que no iba a ir dejando currículum por las empresas buscando un contrato basura con salario de vergüenza, sino que quería hacerme autónomo y trabajar en el pueblo. Estaba entre algo relacionado con la alimentación natural, el turismo o una mezcla de ambos sectores. Como diría Paco Martínez Soria, la ciudad no es para mí.

24º.- “Creo que soy una persona cariñosa”, has manifestado. ¿Cómo te has encontrado en el Teléfono de la esperanza? ¿Quién y qué te llevó ahí?

Bueno, cariñoso dije en su día y hoy lo cambiaría por simpático. Me gusta mucho el humor y las bromas, los juegos de palabras. Fonéticamente se parecen mucho amor y humor. La verdad es que me interesan las personas en general y no me cuesta nada tomar afecto a alguien si creo que es ‘positivo’ que emana sensaciones buenas. Me hago querer enseguida. Sólo cuando he estado mal he evitado encontrarme con las personas para no tener que hablar y dar explicaciones. En el Teléfono de la Esperanza me he encontrado fenomenal, me está viniendo muy bien y se lo recomiendo a quien tengo oportunidad si veo que necesita ayuda. Fue mi hermana Elena la que me animó a que hiciese el primer taller, ya estoy por el segundo y es seguro que no será el último.

25º.- Participaste activamente en un grupo de desarrollo personal de “autoestima” en el Teléfono de la esperanza. ¿Qué descubriste en el grupo y cómo te encontraste?

En el grupo hay dos elementos básicos: los integrantes del grupo y el coordinador. En cuanto al coordinador, me tocó en suerte un tal Valentín Turrado, me parece una persona muy preparada para sacar de cada alumno lo mejor de sí mismo, pues sabe perfectamente cómo iniciar a cada uno a ahondar en su problema, a expresarse, a comunicar, a aliviar la carga. Y del grupo me ocurrió que las 10-12 personas que éramos conectamos muy bien a pesar de lo distintos que éramos cada uno. Y tiene sentido porque eso de desvelar a auténticos desconocidos confesiones que no contamos ni a los de casa une mucho. Insisto en que de cada persona aprendes algo y en este caso me reafirmo, de cada integrante del grupo de Autoestima he recogido consejos. La consecuencia es que me encuentro anímicamente mucho más fuerte desde que realicé el taller.

26º.- Actualmente estás haciendo el taller de “elaboración del duelo”. ¿Qué estás desvelando? ¿Cómo te sientes?

Veo en los demás que integran el taller esas sensaciones de despiste, de desesperanza que deja la muerte de un ser querido y lloro con mis compañeros para abrir más mi corazón y limpiar impurezas. Por cierto, el resto son mujeres, prueba de que los hombres seguimos sintiendo un gran pudor a expresar sentimientos en público. Si supiera la gente lo que sana este tipo de terapias… Tenemos una coordinadora, Julia, que lee perfectamente nuestras sensaciones y nos arranca confesiones que necesitamos sacar fuera. Es increíble cómo aparecen fantasmas que llevas dentro y tú aunque podías sospechar que estaban ahí te niegas a abandonarlos. Me estoy liberando de mucha carga y de culpa. Me estoy dando cuenta que mi madre, Felisa, me ha traído hasta el Teléfono a través de mi hermana Elena. Es más lista de lo que yo incluso creía. Sobre el Teléfono tengo que decir que igual que están los Médicos sin Fronteras o los religiosos misioneros ayudando a gente humilde en países pobres, los voluntarios del T.E. hacen la misma labor para los pobres de espíritu que andamos algo perdidos por estas ciudades de países desarrollados. Mi reconocimiento y gratitud hacia todos ellos, en especial a Mercedes, la directora de León.

27.- Para finalizar algunas preguntas rápidas:

  • Un libro de cabecera.

No soy de los que lea del tirón. Ahora tengo dos empezados: Asesinaron la Democracia sobre la figura del alcalde Miguel Castaño de mi amigo el periodista Carlos J. Domínguez; y Fantasmas de piedra, de Mauro Corona, sobre un pueblo que quedó bajo las aguas de un pantano.

  • Una canción para poner en el coche.

Un velero llamado libertad, de José Luis Perales.

  • Un deseo.

Que la muerte no me llegue sin haber hecho todo lo pendiente que tengo por hacer y que tampoco se lleve a los míos antes de tiempo. Y puedo apuntar otro, que llegue a jubilarme para poder cultivar y atender mejor la huerta del pueblo.

  • Una frase para no olvidar

“Sed breves con las malas noticias”. No sé de quién es pero recuerdo que la tenía mi hermana puesta en la puerta de su habitación. Me gustó siempre.

  • Me gustaría que mis hijos dijeran de mi que

Nunca nos dejó de querer ni de estar pendiente de nosotros… e incluso después de morir.

  • Mi epitafio quiero que sea.

Vino a este mundo sin nada y se fue con el doble, sin nada de nada.

 

                                                       Valentín Turrado, para el blog T.E.

 

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