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Cuando existe la esperanza, todos los problemas son relativos

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La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como unas palabras bondadosas"

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Palabras de gratitud en la despedida a Mercedes Martínez, expresidenta del Teléfono de León

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Foto de Palabras de gratitud en la despedida a Mercedes Martínez, expresidenta del Teléfono de León

 

Gracias, Mercedes

 

 


Detrás de esos ojos pálidos parecía asomarse una nube de tristeza, la tristeza de quien inicia una nueva etapa y se siente cercado de incertidumbre y de nostalgia. Una tristeza a punto de estallar. La nostalgia por tantos días de lluvia y de sol empujando para que amaneciera. Incertidumbre al pasar el testigo y desconocer el nuevo sitio en el escenario de la historia. Fue Calderón de la Barca el que escribió que la vida era un gran teatro en el que cada cual tenía asignado un papel determinado. ¿Por qué no corregir al dramaturgo de la vida es sueño y apostar porque las personas elegimos y representamos varios papeles y unas veces somos directores de escena y otra simples o no tan simples tramoyistas?. “No sabiendo los oficios, los haremos con respeto”, poemaba León Felipe.

 

¡Cuántas ilusiones y cuántos quebraderos de cabeza no asoman en las despedidas!. En repetidas ocasiones nos confesaste que fue en una de las salas verdes del hospital del Valle de Hebrón, reponiéndote de un duro e inesperado accidente de tren, cuando decidiste que si la vida te daba otra oportunidad serías madre, madre de un hijo deseado, querido, el teléfono de la esperanza en tu propia tierra, León. Tal vez el mismo día en que dejaste Valencia ya habías tomado la gran decisión de tu vida. Y la vida – y Dios o el nombre que cada uno quiera ponerle a esa realidad que todos nos envuelve y empuja- te regaló esa segunda oportunidad. ¡Cómo olvidar en esta hora esos otros regalazos: un compañero amable, una casa de pueblo adecentada, una madre olvidadiza que acompañaste hasta el último instante y esas otras cosas que guardas en tu interior!

 
En muchos instantes de convalecencia, tumbada boca arriba, deletreaste tu sueño en tu propio encerado mental y lo convertiste en tu mantra preferido, junto a aquel que tanto te gusta rumiar: “Me quiero, me acepto y me perdono tal y como soy”.

 

Que nadie crea que los ensueños crecen solos. Sin abono y sin ternura se deshilachan y se pierden. Tú no los dejaste secar. Los regaste con osadía y terquedad. Las voces internas y externas tratan de ahuyentar los nuevos horizontes y de persuadirnos que son espejismos, lobos esteparios o vanidades. Tu fe en tu propia locura te hizo dar a luz, después de un largo parto de dos años de dudas y soledades, el día 13 de octubre de 2007, día de la inauguración de la sede de León.

 
A la jornada le faltaban horas para cuidar a tu pequeño, para envolverlo en pañales y amamantarlo en pechos de esperanza. ¿Habrá sido el cáncer que nos revelaste un miércoles a las nueve de la noche, en mitad de una reunión de orientadores, un exceso de amamantamiento?. Nosotros no, pero tal vez tú sí que lo sepas. En varias ocasiones te vimos seca, exprimida de ti, sin fuerzas para un paso más, para emprender una nueva subida. Que en entrega y arrojo no hay quien te gane. Y en dolores también sabes algo.


Hoy, tu hijo, es un crío aún imberbe o una chiquilla en búsqueda de cuentos de hadas. A lo mejor te toca asistir desconcertada a inesperadas vicisitudes. No te importe que siga creciendo, buscando, tropezando. Así vamos avanzando los humanos, como dice el cantautor Álvaro Fraile, a base de ensayo y error.

 
Ha habido momentos grandes en toda esta aventura, coronados sin duda por el reconocimiento de toda una ciudad – voluntaria del año 2009 - no sólo a la crianza sino a toda una vida dedicada al altruismo y a la creencia de que se es más feliz acompañando el dolor ajeno, que lamiendo en exclusiva las propias heridas. ¡Qué bien sabes la máxima del sabio Jodorosky!: “Lo que das te lo das; lo que no das te lo quitas”. Esta misma ciudad a tu hijo – el Teléfono de la esperanza- lo coronó en su frontispicio dos años más tarde. ¡Se puede pedir más!

 
Son incontables las personas a las que has acompañado y escuchado. Tanta la gente que al entrar en la casa de la esperanza invoca tu nombre. “¿Está Mercedes?”. Siéntete satisfecha, muy satisfecha.

 

 
Ya sé que algunos, los menos, se fueron de tu lado y sin pronunciar palabras que fueran de agradecimiento. ¡Y qué! No viene mal un toque de atención para seguir puliendo nuestra alma y seguir cosechando cereal del bueno, con menos malezas y zarzas. ¿Hay alguien que sea completo del todo y sin tacha?

 
Este gesto ha querido ser de puro agradecimiento, para unirse a los aplausos de esos cientos de personas que han salido de esta casa más sanas y más felices y que hoy abiertamente te ofrecen su reconocimiento. Aunque no estamos aquí para recibir condecoraciones, bienvenidas sean todas las flores en vida.

Ya sabemos que nunca te irás ni abandonarás tu obra. Fiel siempre. Serán otros los que lleven las riendas de este carro engalanado y tú asistirás complaciente a su propio crecimiento.

 
Por eso un día este blog escribió en la arena efímera de la playa asturiana de Candás: ¡Gracias, Mercedes! Y escrito seguirá en unos cuantos corazones.
 
 
La redacción del blog

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