Suscríbete

Cuando existe la esperanza, todos los problemas son relativos

Terminos y condiciones de uso
La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como unas palabras bondadosas"

Sigmund Freud, creador del psicoanálisis

Comunicación / Noticias

esquina cuadroesquina cuadro

Dejar de vivir no es la solución de sus problemas (Articulo La Prensa) Honduras

Compartir en Facebook
Foto de Dejar de vivir no es la solución de sus problemas (Articulo La Prensa) Honduras

Redacción: Julia Murillo. Redacción La Prensa julia.murillo@laprensa.hn

Link> http://www.laprensa.hn/vivir/salud/442318-97/dejar-de-vivir-no-es-la-solucion-de-sus-problemas

San Pedro Sula, Honduras

Comúnmente se cree que los problemas emocionales afectan más a las mujeres que a los hombres; sin embargo, la realidad es que, ante una dificultad, el sexo masculino es más débil y ahora un nuevo estudio parece comprobarlo. Los hombres tienen mayor dificultad para expresarse y por esa razón muchas veces se encuentran en un túnel sin salida.

 

Las estadísticas del Teléfono de la Esperanza, una entidad de voluntariado que promueve la salud emocional y ayuda mediante una línea telefónica, con charlas y atención psicológica gratuita, revelan que solo el 21% de las llamadas que reciben son de hombres y el 79% son de mujeres, lo cual muestra que el sexo masculino es una minoría al buscar ayuda emocional y cuando lo hace generalmente se encuentra en un estado de crisis emocional agudo.

“El hombre llama más cuando se halla en estado depresivo y por ende corre más riesgo de quitarse la vida que la mujer, pero el sexo femenino pide más ayuda porque culturalmente se le ha enseñado a hablar sobre sus problemas y al sexo masculino, a callar. Las mujeres llaman cuando la crisis emocional inicia, momento en que aún se puede intervenir y cambiar el esquema mental de la persona”, dijo Judith García, coordinadora técnica del Teléfono de la Esperanza.

Lo cierto es que de las aproximadamente 2,000 llamadas que recibe al año el Teléfono de la Esperanza, el 5% es de personas que no desean continuar viviendo.

“Si esta cifra se toma de acuerdo con la cantidad de habitantes en San Pedro Sula, es decir alrededor de un millón de ciudadanos, estamos hablado de que aproximadamente 40 mil sampedranos consideran la idea de no seguir existiendo. Esto no sucede de la noche a la mañana. Se trata de un proceso”, afirmó Eduardo Rivera, director del Teléfono de la Esperanza.

Las edades de las personas con esta idea oscilan entre 15 y 35 años, es decir, en edad productiva.

En la Unidad de Atención al Adolescente del hospital Mario Catarino Rivas se registran a diario casos de jóvenes que consideran terminar su vida. “El 20% de los pacientes que se presentan diariamente tienen esa idea. El 80% vienen en estado de crisis y del 30 al 40% han intentado quitarse la vida, en su mayoría niñas. La edades más frecuentes están entre 9 y 24 años”, afirmó Magdalena Turcios, psicóloga del Mario Rivas.

Conozca las causas

Los problemas de pareja, familiares y económicos son las principales causas de este fenómeno en los adultos. “En adolescentes es diferente. Los afecta la falta de comunicación con su familia, el abandono de sus padres, un embarazo no deseado, la falta de amor en su familia, así como estar sometidos a las drogas”, agregó Judith García.

Se trata de un proceso que puede variar en duración, de acuerdo con cada persona y su edad. Comienza con la consideración de la idea como una solución de sus problemas, seguido por la ambivalencia, es decir que el sujeto piensa en los pros y contras, da señales y por último toma la decisión.

Descubrir las señales a tiempo es trascendental. “Toda persona que considera dejar de existir o llevó a cabo el hecho dejó más de alguna señal. Es importante saber escuchar porque con ello puede ayudar a quien esté en esta difícil circunstancia. Puede ser un compañero, un amigo, la pareja, un hijo, etcétera”, indicó García.

Descubra las señales

La psicóloga Jenny Arauz explicó que la persona:

1. Verbaliza la idea con frases como “quiero quitarme de en medio”, “la vida no merece la pena”, “lo que quisiera es morirme”, “para vivir de esta manera lo mejor es estar muerto”, entre muchas otras.

2. Puede comentárselo a personas cercanas, lo cual se podría entender como una petición de ayuda.

3. Lleva a cabo determinados preparativos relacionados con su partida, como arreglar documentos, cerrar asuntos, preparar el testamento, regalar objetos o bienes, llamar a otras personas para despedirse o dejar notas.

4. Reconoce sentirse solo, aislado e incapaz de aguantar o solucionar sus dificultades.

5. Pierde interés en aficiones, obligaciones, familia, amigos, trabajo y apariencia personal y comienza a aislarse.

6. Tiene cambios de conducta repentinos. “Los jóvenes se aíslan, puede haber depresión, autolesiones, cambios radicales en el estado de ánimo. Si estas señales son muy marcadas, los padres deben buscar profesional y no alarmarse”, indicó Arauz.

Tenga presente que al detectar estas señales usted no debe convertirse en un consejero de la persona afectada, sino que debe convencerlo de buscar ayuda profesional.

Se necesita optimismo

¿Qué se puede hacer para combatir este tipo de ideas? La experta Magdalena Turcios comentó que se evitarán este tipo de ideas en los jóvenes creando un ambiente lleno de manifestaciones de afecto que fortalezcan los lazos familiares, libre de pesimismo y de hostilidad, con reglas claras y firmes aplicables a todos con igualdad y camaradería combinada con respeto.

“El positivismo es un peculiar sentimiento que cabalga sobre la empatía y se contagia. Si somos pesimistas, hostiles, apagados, jamás podremos pedir estos sentimientos en nuestra prole. Limpiemos nuestro corazón de cosas negativas y el resultado será una epidemia de positivismo”.

 

“Había perdido las ganas de vivir, pero ahora soy rica emocionalmente”

 

Lorena, de aproximadamente 50 años, ingresó a la sala de operaciones de un centro médico de San Pedro Sula por un problema de vesícula y quedó en coma durante un año debido a una mala práctica que afectó varios órganos de su cuerpo.

Al despertar se dio cuenta de que no podía moverse ni hablar, pero los médicos le dieron el alta.

“Salí con sondas por todos lados. El dolor que sentía era tan intenso que no podía ponerme derecha. Pesaba 76 libras. Cuando me practicaron la operación, el médico no se fijó en que había perforado otros órganos, lo cual me provocó una peritonitis que a los tres días era grave”.

A pesar de estar en casa, su salud no mejoraba. Por ello, su familia decidió llevarla nuevamente al centro médico; sin embargo, nadie del lugar se hizo responsable por la condición de Lorena. “Perdieron mi expediente. Fue doloroso ver que mi dignidad como ser humano era pisoteada. Lastimosamente yo no podía decir cómo me sentía físicamente”.

Una de las enfermeras del lugar se acercó a los familiares de Lorena para decirles que se la llevaran a otro hospital, pues ella se encontraba extremadamente mal.

“Estaba sentada en una silla de ruedas mientras todo sucedía y me preguntaba si se trataba de una pesadilla o lo que vivía era real. La impotencia por no poder hablar hacía más fuerte mi dolor”.

Sus hijos la llevaron a otro hospital, en el que fue operada nuevamente. “Me sacaron tres litros de bilis que estaban en todo mi organismo debido a la primera operación. Eso me provocaba un dolor extremo y me inmovilizaba”.

Luego de la operación, Lorena mejoró paulatinamente; el año de recuperación fue agónico. “Permanecía acostada, dependía de los demás, me sentía como una carga y en ocasiones escuché que los familiares que me cuidaban decían ‘para qué le vamos a dar de comer si no puede ni masticar’. Entonces pensaba en que era mejor morir y desaparecer”.

Lorena, antes de ser operada, era una mujer muy activa; sin embargo, por su enfermedad perdió su empleo y las ganas de vivir. “Mi estado de salud mejoraba, pero mis ánimos no. Un día, cuando ya tenía planeado cómo y dónde quitarme la vida, escuché que en la radio hablaban sobre el Teléfono de la Esperanza y tomé la decisión de llamar”. Solo tres minutos duró la llamada que le salvó la vida. Desde entonces han pasado ocho años. Ahora, Lorena es una voluntaria del centro que la salvó y ayuda a muchas personas.

Alrededor de 40 mil sampedranos piensan que dejar de vivir solucionará sus problemas.

Documentos relacionadosHaga click sobre las documentos para ampliar

  • tel
  • tel2
  • tel3

noticias anteriores

Ver más noticias »
esquina cuadroesquina cuadro
Acceso al área privada Logotipo de sanidad y política social Excelencia Logotipo Xsolidaria Logotipo Fundación Obra
															Social - La Caixa Diseño y desarrollo web O2W eSolutions