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Cuando existe la esperanza, todos los problemas son relativos

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La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como unas palabras bondadosas"

Sigmund Freud, creador del psicoanálisis

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El Teléfono de la Esperanza desempolvó mi corazón

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TARDE DE SEPTIEMBRE

 

 

 
Fue un día, por casualidad, que una amiga me lo señaló al pasar por delante. Giré mi cabeza y me di cuenta que acostumbrada ya a su presencia llevaba años sin abrirlo. Hasta que una tarde ociosa de septiembre me dio por hurgar en aquel  armario tan misterioso, pero a la vez tan familiar. Y empecé a sacar de él todo tipo de objetos y recuerdos, la mayoría cubiertos del polvo que el tiempo, lento pero implacable, había ido depositando. Casi  todos ellos me trasladaban a una época anterior de mi vida, alguna triste, otras repletas de alegría. Y de casi ninguno recordaba en qué momento los había olvidado allí y dejado en desuso. Quizás los había guardado porque ya no los necesitaba o porque con el tiempo los había sustituido por otros más modernos, que no mejores. Alguno hasta por algún regalo de seres queridos. Y empecé a preguntarme cosas. Quizá demasiadas. Para algunas ni siquiera tenía respuesta. Y me rodeé de amigos, amigos que, curiosamente, también me preguntaban de dónde venían todas aquellas cosas allí guardadas y que me ayudaron a desempolvar mi memoria y mi alma y a revivir mil sensaciones.

 

Y fue después de una de esas preguntas cuando, de repente, me di cuenta que echaba en falta algo. Algo importante. Regresé al armario y allí vi una gran caja de madera. Me sonaba. Con mucho cuidado la abrí y allí estaba. Sí, allí, cubierto de polvo aun estando dentro de aquella caja. Pasé mi mano por encima con delicadeza y lo vi. Era lo que buscaba.

 
- “Aquí está”, grité.  Y todos se acercaron para verlo. Un rojo vivo asomaba entre el polvo. Y fue al caer sobre él mis lágrimas emocionadas cuando se puso a latir, latir fuerte, sin parar, pidiendo a gritos que lo sacase de allí. Aquel día, corazón mío, fue cuando te reencontré y contigo, día tras día, pasito a pasito, recuperando el tiempo perdido, comenzamos juntos a recorrer el camino hacia la Felicidad.

 
Gracias al Teléfono de la Esperanza, a Valentín y a tod@s mis compañer@s de grupo por ayudarme a desempolvar mis sentimientos y mi corazón.

 
Nuria

 

 

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