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Entrevista a Celia Borras, Presidenta de la asociación de supervivientes después del suicidio

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Foto de Entrevista a Celia Borras, Presidenta de la asociación de supervivientes después del suicidio

“Nadie muere por hablar de suicidio; lo que mata es el silencio” 

 

 

 

Nunca sabrá por qué el chaval decidió dar aquel paso. Dice su madre, Cecilia Borràs, “que la muerte de un hijo nunca se supera, porque no se trata de una enfermedad”, lo que se aprende es a “convivir con esa ausencia”. La presidenta de la Asociación de supervivientes después del Suicidio, DSAS, ofrecerá una charla el próximo lunes a las 17.00 horas en la casa de cultura de Okendo, a la que acude invitada por la Asociación Bidegin, de apoyo al duelo.

 

¿Por qué hablar de suicidio?

-¿Y por qué no?

 

El común de los mortales lo evita...

-Pues es la primera causa de muerte no natural, por delante de los accidentes de tráfico. Ante ello, tenemos dos opciones: o silenciarlas, o abordar una realidad que existe a diario.

 

Usted aboga por hablar sin ambages...

-Hace 30 años nadie mencionaba la palabra cáncer porque parecía que te ibas a contagiar. Hay que ir rompiendo ese tabú; nadie muere por hablar de suicidio. La palabra suicidio no mata, lo que mata es el silencio.

 

¿Tiene para usted un significado especial?

-Es una experiencia que he vivido muy de cerca. Nunca pensé que pudiera ocurrirme. De repente descubres una realidad que piensas que jamás te salpicaría. Cuando realmente te pasa, te das cuenta del tabú, de la soledad y del estigma.

 

¿Qué le pasó?

-Soy una superviviente. Mi hijo murió por suicidio, y nada hacía presagiarlo. Pronto se cumplirán seis años de aquello...

 

¿Nunca sospechó nada?

-Nunca. En la asociación solemos hablar de dos escenarios. Por un lado, el de aquellas personas que sufren de trastorno mental, que es el principal factor de riesgo. El otro, el de quienes nunca mencionaron ni dijeron nada al respecto, y de un día para otro ocurre lo que ocurre. Sobre todo hablo de padres de chicos y chicas adolescentes, fruto de situaciones que obedecen a conductas muy impulsivas...

 

¿Es lo que le pudo ocurrir a su hijo?

-Sí, claro.

 

¿Sabe por qué dio ese paso?

-No, nunca lo sabré. Los supervivientes nos quedamos durante mucho tiempo dándole muchísimas vueltas a lo que pasó: “Si yo hubiese podido hacer algo por evitarlo...”. En el fondo, todos llegamos a la misma conclusión: nadie es omnipotente, ni podemos adivinar el futuro. Si lo hubiéramos sabido, evidentemente, no estaríamos hablando ahora de todo esto. Esas respuestas se las llevan quienes se van. Nunca sabremos por qué lo hicieron.

 

¿Le incomoda hablar de su hijo?

-No, pero no quiero repetir mi historia. Ahora mismo no creo que tenga que ser la noticia. No me incomoda, pero no tengo que superar nada, porque la muerte de un hijo nunca se supera; no es una enfermedad. Es un proceso que siempre llevas contigo. Hay que aprender a convivir con ese proceso, y en la medida que lo superas alcanzas cierta madurez que te devuelve a la vida. Parece imposible, pero uno vuelve a disfrutar. Me gustaría lanzar un mensaje de esperanza. El duelo por suicidio es uno de los más largos y complejos, pero a pesar del dolor tan intenso, se comienza a ver algo de luz. Eso no quiere decir que uno llegue a superar la muerte de un hijo; nunca se supera, sino que se convive con esa ausencia.

 

¿Usted ha aprendido a disfrutar de la vida?

-Sí, te cuesta mucho. Hay fases en las que niegas lo ocurrido. Hace falta expresar ese dolor, asimilar lo que has vivido. Hay muchos llantos, muchos sentimientos confusos y contradictorios. Uno se culpabiliza por no haber llegado a tiempo, no haber contestado una llamada, no haber percibido algún detalle...

 

Tiene que ser un cóctel de emociones...

-Sí. Además también está presente la vergüenza. Ante el suicidio de un hijo, uno se plantea qué van a pensar de mí, debido al tabú y el estigma... Es una de las peores experiencias que una persona puede vivir. Hay que asimilar dos hechos terribles: por un lado, la noticia inesperada de la muerte. Por otro, el porqué.

 

¿Esos dos hechos no son comunes a otras muertes?

-Sí, puede pasar ante un accidente de tráfico. Todo el mundo se plantea por qué ha ocurrido. Pero hay una diferencia en la muerte por suicidio: en los accidentes, se abren diligencias para conocer las causas. No sé si consuela más o menos, pero uno sabe que ha habido un fallo de los frenos. En nuestro caso, nunca sabremos por qué dieron ese paso. Las familias víctimas de accidentes encuentran consuelo, un dolor solidario. En el caso del suicidio no encontramos esa solidaridad. Hay mucha soledad, por eso pedimos un poco más de comprensión.

 

¿Qué les pasa por la cabeza a estas personas?

-Padecen un sufrimiento personal enorme. Quisieran continuar viviendo, pero no pueden soportar tanto dolor. Nunca he visto a una persona feliz que quiera morir por suicidio.

 

En los medios de comunicación, por lo general, no se habla de estos casos. ¿Qué opina de ello?

-He hablado con muchos de ellos, y sé que en función del manual de estilo o código ético, hay temas que no se deben abordar. Escribí una columna al respecto en La Vanguardia. Creo que el suicidio en sí mismo no tiene que ser una noticia. Ese es muchas veces el error. No hay nada más doloroso que ver reflejado como una noticia ese tipo de muertes. El suicidio de una persona nunca debe ser noticia, salvo que esa persona tenga un peso social o sea conocida. Muchas veces se dan detalles morbosos... Incluso la Organización Mundial de la Salud da directrices sobre cómo debe enfocarse la noticia.

 

¿Cómo abordarlo?

-Con información veraz, valoraciones de los profesionales y datos contrastados. Sobre todo, hace falta concienciar a nivel de prevención. Hace falta romper los mitos y las falsas creencias que hay en torno al suicidio, que siguen muy presentes.

 

¿Por ejemplo?

-Que hablar del suicidio mata. Si hay personas que están en riesgo, desgraciadamente, hables o no hables sobre ello, quizá lleven a cabo su cometido, pero independientemente de que se hable de ello.

 

Las nuevas tecnologías han traído nuevos tipos de acoso, con algunos desenlaces un tanto tristes... ¿Les preocupa esta nueva realidad?

-Somos muy sensibles hacia este tema. Hay un sistema de comunicación entre adolescentes que se escapa mucho al control, por lo que hay chicos y chicas viviendo en una situación de vulnerabilidad. Debería llevarnos a una reflexión de futuro.

 

¿Hay algún mensaje que se pueda trasladar a los padres? ¿Cómo abrir los ojos a ese infierno que puede estar viviendo ese hijo o hija, y que pasa desapercibido?

Lo que más necesitan es saber que pueden hablar. Cuando una persona te dice que está harta, que no merece la pena seguir viviendo, no podemos reaccionar con una actitud de recriminación a lo que se nos está diciendo. Reaccionamos con un mecanismo de defensa de negación.

 

 

http://www.noticiasdegipuzkoa.com/2015/02/11/sociedad/nadie-muere-por-hablar-de-suicidio-lo-que-mata-es-el-silencio

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