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Cuando existe la esperanza, todos los problemas son relativos

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El Teléfono de la Esperanza redesembarcó en Bizkaia hace un año

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Foto de El Teléfono de la Esperanza redesembarcó en Bizkaia hace un año

MUJER, soltera, con problemas de soledad o incomunicación. Éste es el perfil tipo de la persona usuaria del Teléfono de la Esperanza, un servicio que ofrece respuestas a muchos tipos de consultas desde la angustia por el paro que está llevando a muchos vascos a pedir ayuda hasta el alcoholismo pasando por la violencia de género.

 

Aunque lleva más de 43 años trabajando en el Estado español y en capitales como Oporto, París, Zúrich, Miami, no fue hasta el año pasado, tras dos años de arduos preparativos, cuando el Teléfono de la Esperanza empezó a sonar en el territorio vizcaino. “Es tremendo, pero la mayoría de la gente llama porque no tiene con quien hablar; hay mucha soledad en las ciudades”, percibe Fátima Montenegro, coordinadora de la organización y voluntaria vocacional. “Ofrecemos un servicio integral y gratuito de apoyo a las personas que se encuentran en situación de crisis emocional; también promovemos numerosos programas para mejorar la salud emocional. Los efectos de las crisis económica en la salud se han estudiado desde hace décadas, quedando de manifiesto que estas épocas van asociadas con un nivel más elevado de estrés psicológico y un mayor uso de los servicios de salud mental”, añade.

 

Confidencialidad

 

Fátima quiere dejar claro que la confidencialidad y la discreción son las señas de identidad de la Asociación, que guarda con gran celo tanto la identidad de los voluntarios como de las personas que llaman. “La gente se anima a telefonearnos porque no les conocemos y, por supuesto, porque sabe que cualquiera que sea su situación o problemática no le vamos a juzgar. Eso les tranquiliza mucho”, reconoce Montenegro, aparejadora de profesión, pero “enganchada” al voluntariado desde hace veinte años.

 

Los voluntarios del Teléfono de la Esperanza no pueden aconsejar ni opinar. Es la primera lección en su formación previa, que lo único que pueden hacer es escuchar y escuchar. Exclusivamente si un usuario demanda información de recursos se les deriva a los Servicios Sociales. “A la persona que llama le hacemos preguntas y le hacemos reflexionar, pero tiene que ser ella misma con nuestro apoyo quien encuentre la solución a su problema”, explica a DEIA Fátima Montenegro, mientras su peque de 3 años no deja de requerir su atención.

 

Las características del voluntariado son variadas, personal mayoritariamente mujeres. No precisan una cualificación determinada y tenemos desde amas de casa que donan su tiempo libre hasta abogados, psicólogos profesores. Uno de los rasgos más comunes de los voluntarios es su fidelidad. Como Fátima, más de la mitad de ellos llevan en la organización desde sus orígenes. También son más las mujeres que recurren al Teléfono. Suponen el 62% con edades comprendidas entre los 40 y 65 años, pero cada vez son más jóvenes las personas que recurren a este servicio gratuito.

 

Aunque el mayor problema de la gente que llama sea la soledad, esto no excluye que recibamos llamadas con problemas dramáticos de violencia de género o de suicidio. “Se procura mejorar la situación en la que vive la persona y cuando cuelga y ves que has contribuido a ello sientes una inmensa felicidad. Son ellos los que nos dan más ganas de vivir a los voluntarios”, añade. “Lo terrible es que por regla general los usuarios del Teléfono no suelen tener solo un problema; a la soledad suelen añadir el paro o el alcoholismo o drogadicción o problemas familiares, o de violencia...”, sostiene esta activista de los derechos de quienes son socialmente los más vulnerables.

 

Líneas de actuación

 

Montenegro va desgranando las cuatro líneas estratégicas de actuación del Teléfono de la Esperanza que hacen especial hincapié en la promoción de la salud emocional. “Su finalidad es facilitar el desarrollo de recursos personales, familiares y sociales para crear un estado de bienestar en el que el individuo pueda incrementar el control sobre los determinantes de su salud y, en consecuencia mejorarla. Lo hacemos a través de cursos, talleres, grupos de desarrollo personal, conferencias….”, explica.

 

Otra de las líneas de trabajo se centra en la intervención en momentos de crisis. “Su finalidad es abordar de forma urgente, gratuita, anónima y especializada las situaciones de crisis. Bien a través del teléfono, de profesionales, talleres para crisis…”.

 

Enseñando a Ayudar la formación del Voluntariado es otro de los aspectos claves de la Asociación. “Pretendemos estimular las cualidades naturales de las personas en la Relación de Ayuda a través del auto desarrollo y la formación, de tal forma que así se mejore la ayuda a los demás”, comenta Montenegro. La última línea de trabajo hace referencia a la cooperación internacional. “Intentamos mejorar las condiciones de vida de la ciudadanía y sobre todo las referidas a la salud emocional en países desfavorecidos”.

 

“Las personas que llaman son normales, con problemas cotidianos que podría tener cualquiera, la diferencia es que ellos no tienen a quien decírselos. No dan su nombre ni ningún tipo de dato, y no se les hace seguimiento, a no ser que se perciba una gravedad en su estado”, puntualiza.

 

VOLUNTARIADO FORMADO

 

Los voluntarios del Teléfono de la Esperanza reciben durante dos años una completa formación en crecimiento personal. Aprenden a utilizar sus recursos personales y a estar bien para luego poder enseñar a utilizar los suyos propios a la gente que llama; en definitiva, ayudarles a ser felices. Porque no es fácil encarar los problemas de los demás. Normalmente reciben las enseñanzas de reconocidos profesionales que llevan años impartiendo cursos por todo el Estado y Europa; ·cursos requeteprobados porque los habremos hecho con unas cien mil personas, lo que les califica a nivel internacional como los mejores a nivel de voluntariado; son realmente muy buenos. La mayoría de la gente que los ha hecho dice que hay un antes y un después; que les ha cambiado la vida.”, apunta Montenegro. Porque no todo el mundo tiene las cualidades y las fortalezas para estar detrás de este teléfono. De hecho, hay gente que lo intenta pero al final lo deja porque no puede soportar la presión de escuchar tanto dolor y sufrimiento. “Tienes que estar muy centrado, ser emocionalmente muy fuerte y tomar distancia, porque si no es imposible ayudarles”, remarca.

 

Ana, una joven voluntaria del servicio reconoce que los primeros días fueron muy duros. “No sabía si podría continuar. Tuve mis grandes dudas. Tras cada sesión me preguntaba a mi misma en qué me estaba metiendo. Si no estás muy centrada y sabes tomar distancias es imposible atender el Teléfono de la Esperanza”, explica con vehemencia recordando los inicios. “Ahora me siento satisfecha de haber tomado la decisión de seguir, porque siento que hago algo útil por los demás y esto llena mi vida, me hace ser más feliz”, relata a DEIA.

 

Algo similar le sucedió a Joana, estudiante de psicología, vinculada desde hace años a distintas ONG. “Los comienzos fueron complicados, pero ahora estoy contenta por contribuir a paliar la soledad de muchas personas”. Y junto a la soledad, las llamadas son motivadas por conflictos en familia, ansiedad, depresión, trastornos psíquicos y malos tratos entre otras cuestiones.

 

Hasta ahora en Bizkaia ya han recibido formación más de 150 personas,. “Actualmente hay quince personas preparándose; realizamos una labor complicada y por eso dedicamos tanto esmero a que el voluntariado esté bien formado emocionalmente, si no difícilmente podremos ayudar a los demás”, comenta Montenegro.

 

Las llamadas pueden oscilar desde los cinco o diez minutos hasta las dos horas, pero la media es de cuarenta minutos. Tiempo suficiente para observar la situación de angustia por la que pasa esa persona. “Los especialistas a los que solemos derivar a la gente también colaboran de forma voluntaria para la Asociación, que se financia por medio de donativos puntuales, de cuotas de los socios, con algunas subvenciones y actividades de todo tipo, entre ellos conciertos benéficos”, dice la voluntaria, al tiempo que aclara que con la crisis las subvenciones gubernamentales han mermado considerablemente, por lo que buscamos fórmulas imaginativas para conseguir financiación”, reconoce la coordinadora del Teléfono de la Esperanza en Bizkaia, quien además de tareas burocráticas “si es necesario también suelo echar horas en el teléfono”

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Pasar a la acción

 

La coordinadora de este servicio en Bizkaia reconoce que todavía reciben pocas llamadas debido principalmente al desconocimiento que tiene la gente del mismo. A pesar de todo, en los dos últimos años, aunque sin línea telefónica propia, sí han actuado en Bilbao, han recibido la solicitud de hasta 300 personas para participar en sus cursillos. Muchos acuden tras recibir el apoyo de los voluntarios a través del teléfono. “El servicio funciona todo el año las 24 horas del día. Nosotros en el tiempo que llevamos ya en acción en la capital vizcaina aún no hemos conseguido cubrir todos los turnos, pero estamos en ello”, apunta esperanzada Fátima, quien considera que el bajo número de llamadas se debe a que son poco conocidos por la discreción que les caracteriza y porque en Bizkaia el servicio estuvo suspendido durante varios años.

 

Ahora quieren poner en marcha campañas de promoción por medio de Servicios sociales, asociaciones con las que quieren trabajar en red. La voluntaria reconoce que una de las cosas que detectan es que a las personas les cuesta poner nombre a lo que les sucede. Hasta que lo verbalizan y deciden pasar a la acción, el Teléfono de la Esperanza viene a ser como un recurso puente, el punto de partida, y en ocasiones el último recurso, porque la gente solo llama en casos de máxima desesperación”

 

Y es que vivimos en una sociedad materialista y deshumanizada, una sociedad en la que si no cuentas tus problemas -aunque en la mayoría de los casos no te oyen- y te sientes comprendido, te parece que eres como un bicho raro. En nuestra sociedad se lleva lo del consejo fácil y rápido y no estamos preparados para una escucha eficaz, con tiempo”, dice.

 

“La escucha es sanadora”

 

Aunque el servicio del Teléfono de la Esperanza sea anónimo, hay muchas personas que llaman agradeciendo el apoyo que les brindaron en los momentos más bajos de su existencia, e incluso personas que luego se animan a participar. “Esto supone una alegría tremenda, porque en un momento dado todos podemos ser usuarios y voluntarios. Nadie está libre de necesitar la ayuda de otros y más en esta sociedad cambiante en la que un día estás arriba y otro puedes encontrarte en el pozo oscuro”, sentencia. “La gratificación de saber que solo escuchando estás ayudando a la gente es muy grande; escuchar a los demás es sanador”, sentencia Fátima.

 

Un reportaje de Nekane Lauzirika

 

http://www.deia.com/2015/06/08/bizkaia/escuchar-es-un-arte

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