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A quien juzgue mis pasos...

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A quien juzgue mis pasos...

Me dieron para mi viaje apenas un mendrugo y una muda; ni mapa ni transporte, simplemente me dejaron sobre un árido territorio para caminar según ajenos dictados. A tientas y preguntando fui marcando mi ruta a ninguna parte, pensando o soñando un destino adecuado. Poco a poco me alejé de aquellos insanos dictados que pretendían marcarme cada etapa, cada paso y cual no sería mi sorpresa cuando al creerme ya en posesión de mi ruta, empezaron a surgir en cada esquina sabios iluminados, por otro nombre llamados a sí mismos “amigos”, que portaban en sus manos una adecuada hoja de ruta hecha, decían, a mi exacta medida.
Que si ven por este camino que el otro no es bueno; que si mal agradecida soy por no aceptar que el transporte en bicicleta es mejor que caminar a pie… Todo para indicar sabiamente que el camino por ellos transitado es el correcto y por tanto el que me conviene. Curioso que no preguntan de donde vengo ni como; curioso que no se interesan si tengo los pies heridos o el cuerpo cansado… su camino es el correcto y ahí hay que dejarlo. Yo no se, ellos sí; yo me equivoco al ir despacio y según mi ritmo, ellos saben que preciso con urgencia un avión para ir de A a B en lo que tarda un suspiro en manifestarse.
Puede que el camino sea el mismo para todos, pero no todos partimos del mismo punto ni llevamos el mismo equipaje. ¿Sería capaz, quien juzga lento o inadecuado el caminar de otro, de llevar ese andar lozano y airoso tan alegremente propuesto, si portara los mismos zapatos? ¿Quién se juzga tan sabio para decidir la ruta ajena, lo sería tanto con las mismas circunstancias y equipaje?
Se hace daño juzgando como lento, inapropiado o lo que sea, el viaje de otro sin saber qué le ha llevado a elegir este o aquel camino. Que no se llame “amigo” quien, con la escoba, pretende acelerar un paso o alterar una ruta porque tales cosas son mejores así para él.
Respeto, escucha, compasión y comprensión son las viandas que sí pueden acelerar un paso o encauzar una ruta, y sólo quien las ofrece con sinceridad puede llamarse amigo.

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