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Amor a la vida

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Amor a la vida

Me piden que escriba algo sobre el nuevo libro de Raúl Rodríguez, ‘Amor a la vida’ o ‘Amo la vida’, que de ambos modos se puede leer el título y de paso recuerde que el libro se presenta en León (Biblioteca Pública de la calle Santa Nonia) el viernes 8 de mayo a las 19 horas. 
Cuento con dos ventajas con respecto a otras personas: que soy el hermano pequeño del autor, con lo que creo conocerle bastante bien tras leerme toda su obra y haber debatido en directo largo y tendido sobre lo divino y lo humano; y que estoy leyendo el libro desde el 21 de marzo tras asistir a la primera presentación que tuvo lugar en Basardilla, el pueblo de las cercanías de Segovia donde vive Raúl desde hace 20 años. Confieso, dicho sea de paso, que ando aún por la mitad del libro, no por vaguería o por desidia, sino por dosificar los pensamientos, los consejos que incluye Raúl en los 202 capítulos o ‘píldoras’ que contiene el libro de 313 páginas. También evito así que se me acabe pronto la lectura y de paso logro una mejor digestión de las palabras, de las ideas, dejándome invadir por la sabiduría de este hombre flaco, canoso, pero con una mente y, sobre todo, con un corazón extraordinarios. ¿Amor de hermano? Podría ser, pero  vaya por delante que no pretendo ser objetivo al vender las excelencias de la nueva criatura del segundo hijo de mis padres.
Dejo que sea el propio Raúl quien explique el porqué del título, la presencia de los números, del color verde, y de la cinta de Moebius en la portada. Yo me ceñiré aquí a enumerar algunos de los temas que trata ‘Amor a la vida’.
Raúl insiste en este libro, más aún que en los anteriores, en la necesidad de alimentar el cuerpo de forma adecuada, sana, no para alcanzar el siglo de vida, sino para tener la mente despierta y un espíritu fuerte. Con su experiencia vital se siente el autor en la obligación de hacerte ver las comidas y las bebidas que benefician al cuerpo y, por el contrario, cuáles son las que ‘matan’ o los que ‘adormecen’. El tema de la muerte, la naturaleza, los hijos o el amor son muy recurrentes en la obra de mi hermano, pero en este acomete asuntos de esos que podríamos decir polémicos y a la vez valientes como puede ser el fenómeno extraterrestre, las fumigaciones aéreas clandestinas, la usura de los bancos, la homosexualidad, el feminismo… Asuntos que hace que algunas personas le llamen loco. Yo no creo que Raúl sea un loco, él tampoco lo cree, solamente que escuchar las verdades que se tratan de ocultar, simplemente duelen. Pero tampoco creo que Raúl sea un visionario, un gurú, un mago o un predicador. Simplemente Raúl es capaz de ver un poquito más allá que el resto de los mortales. Él cuenta su verdad para quien la quiera escuchar, pero no es una verdad de teorías, ni absoluta, sino que es una verdad práctica que a muchos de los que nos está dando por probar, ya estamos comprobando sus ventajas. No es quizá una comparación muy apropiada, pero pienso que es como los murciélagos que detectan objetos e insectos en la noche mediante unos ultrasonidos que sólo esta especie lo consiguen. También creo que Raúl es capaz de sentir el devenir de la vida, de una sociedad, que al resto nos cuesta ver porque estamos demasiado atareados con las prisas y las metas que nos ponemos a diario. Antes de que se forme la tormenta, Raúl ya la ha visto venir. Éste es su poder sensorial.
Raúl no se cansa de pregonar, de vocear injusticias, de apostar por la LIBERTAD con mayúsculas. Se siente obligado a ello. Otra cosa es que haya gente dispuesta a escucharle. Yo le escucho, también porque me ha demostrado que él también me escucha a mí. Porque le intereso, igual que le interesa cualquier persona del mundo que se le acerque, esté en esta o en cualquier otra dimensión de las que él asegura que existen. Tengo un amigo que dice que Raúl es un sabio, que hay que aprovecharse de él. Le doy la razón, pues ha leído y escuchado a tantos sabios que ha puesto en práctica lo mejor de cada uno de ellos. Como buen investigador, más que un filósofo yo le considero un científico de la vida, del amor y de Dios. Cuesta poco comprobarlo. Te invito a que conozcas a mi hermano. Verás qué pronto le consideras también tu hermano.
Asín sea.

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