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Cuando existe la esperanza, todos los problemas son relativos

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La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como unas palabras bondadosas"

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Nuestras vidas: un rosario de nudos

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Nuestras vidas: un rosario de nudos

Hace unos días asistí a una conferencia de mi amiga e ilustre pedagoga Consuelo Santamaría. Con su maestría habitual fue explicando cómo la vida de cada persona se puede ejemplarizar como una cuerda (larga o corta dependiendo de la duración de la existencia) donde lo importante no son los conflictos que padecemos (muertes, enfermedades, rupturas, etc.) que, son “los nudos de nuestras vidas”, sino cómo conseguimos deshacer esos nudos, es decir, cómo logramos resignificar nuestros problemas, para que nos sirvan para nuestro crecimiento personal. Lo decisivo, pues, no es evitar todos los “nudos” de nuestras vidas (por otra parte esto es un objetivo metafísicamente imposible, pues el ser humano, por ser humano tiene límites y padece contrariedades) sino que aprendamos a deshacer esos nudos (=problemas).
Existen personas (Pepita, Antonio, Genaro, Aurelio, María, etc. etc.) que relatan sus vidas por los “nudos” que han sufrido en la “cuerda de su vida” y por esto afirman que la felicidad se les resiste
  • porque tuvieron unos padres que no les cuidaron lo suficiente,
  • porque en la infancia sufrieron malos tratos,
  • porque no han tenido la oportunidad de ir a la universidad,
  • porque a los nueve años le diagnosticaron una enfermedad crónica,
  • porque de pequeños sufrieron abusos sexuales por un familiar cercano,
  • porque no tienen todas las comodidades de las que disfruta el vecino,
  • porque… porque… y los “nudos”  se muestran infinitos.
Pero la realidad es que la cuerda de la vida de esas personas (de todas las personas) tiene nudos pero también espacios o situaciones en lo que predomina es el afecto y el reconocimiento por parte del otro. De lo contrario no se podría seguir viviendo.
Una cosa es evidente: no existe en nuestras vidas el “nudo gordiano” (aquel que no se puede deshacer) pues siempre, en última instancia tendremos la capacidad de cambiar de actitud ante el conflicto que nos embarga.
Existen vidas que están sembradas de “nudos” que  pueden dificultar la posibilidad de disfrutar de la propia existencia: niños abandonados, maltratados, traumas infantiles, pérdida de los padres, etc. Pero lo más importante no es el conflicto en sí, sino como cada uno podemos resolverlo. En definitiva, “el problema no es el problema sino quÉ solución le damos”.   
Lo cierto es que esos “nudos” (conflictos cotidianos) se podrán deshacer con mayor facilidad si sentimos el apoyo de los “otros”: padres, hermanos, pareja, profesores, etc. De aquí la importancia de ir configurando un “nosotros fuerte” que nos ayude en los momentos de gran dificultad.

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