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Cuando existe la esperanza, todos los problemas son relativos

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La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como unas palabras bondadosas"

Sigmund Freud, creador del psicoanálisis

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La más profunda aceptación (y IV)

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La más profunda aceptación (y IV)

 

CUARTO DIA
Todo mi sufrimiento resultó ser un regalo, no una maldición. La depresión apareció para hacerme ver -de la manera más dramática que cabe- hasta qué punto me había desconectado de la vida. Visto así, el sufrimiento siempre es una señal que nos indica el camino de vuelta a la integridad.
Con frecuencia, solo cuando empezamos a sufrir comenzamos a escuchar a la vida. Así que, de algún modo, a todos se nos provee de la cantidad de sufrimiento exacta que necesitamos para reconocer quiénes somos realmente.
Cada ola es una expresión única del océano, y cada ola sufrirá de una manera distinta. Tu sufrimiento es tu invitación sin par a que retornes al océano.
Mi depresión apuntaba directamente al despertar espiritual. Mi depresión indicaba que el camino de vuelta a quien soy realmente, que está siempre en profundo reposo; era una invitación a soltar la carga de mi pesado relato sobre el pasado y el futuro, y a descansar profundamente en la experiencia presente; era una invitación a despertar del sueño de la separación. Solo que tardé cierto tiempo en aceptarla.
Comprender que nada exterior a nosotros provoca en realidad el sufrimiento es la clave de una increíble libertad. Las circunstancias nunca pueden ser realmente la causa de nuestro sufrimiento; es siempre la respuesta que damos a las circunstancias la que nos hace sufrir.
Sufrimos solo cuando buscamos la forma de escapar de ciertos aspectos de nuestra experiencia presente, y al hacerlo, nos separamos de la vida y entramos en guerra con nosotros mismos y con los demás –a veces de manera obvia y a veces de manera muy sutil–. Nuestro sufrimiento tiene sus raíces en la negativa a sentir lo que sentimos, a experimentar lo que experimentamos ahora mismo. El sufrimiento es inherente a nuestra guerra con la vida tal como es, inherente a la ceguera que nos impide ver que todo lo que sucede en el momento está siempre aceptado, en el sentido más profundo.
Texto extraído del libro de Jeff Foster, 
“La más profunda aceptación. Despertar radicalmente a la vida ordinaria”.

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