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La educación sexual de nuestros hijos

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La educación sexual de nuestros hijos

A muchos padres nos surgen muchas dudas y temores a la hora de hablar de sexo con nuestros hijos. ¿Cuándo?, ¿cómo?, ¿cuánta información se debe dar? A los hijos debemos decirles siempre la verdad cuando nos formulen preguntas acerca de su sexualidad y conviene hacerlo adaptándonos a aquello que puedan entender, con sencillez y expresión de agrado porque, en definitiva, les estamos informando del amor y del placer. Recordemos que los niños no vienen de París y que no los trae ninguna cigüeña.
Hablar con sencillez de la sexualidad, aceptar nuestro desconocimiento sobre algunos aspectos de la misma y nuestras dudas es algo importante para que nuestro hijo/a lo vea positivamente. Saber y conocer cómo funciona nuestro cuerpo es tan importante como saber cuál es la capital de Francia ya que cuanto más conozcamos nuestro cuerpo mayores posibilidades tendremos de crecer más y mejor, de ejercer el derecho a ser responsables y tomar decisiones de forma libre y razonada.
Para hablar de sexo con nuestros hijos conviene tener en cuenta las necesidades de cada uno de ellos y darles información cuando la demanden. Suelen demostrar mayor interés cuando son conscientes, desde muy pequeños, sobre las diferencias de su cuerpo con el de sus padres o hermanos/as y, sobre todo, en las pre y pubertad. Esta información deberíamos adaptarla a su edad y conocimientos. La zona genital no es sucia, no es malo conocer nuestro cuerpo y demostrar los afectos.
Existen, igualmente, una serie de mitos y miedos injustificados que solemos presentar los padres a la hora de dar educación sexual a nuestros hijos y que podemos ampliar en otro texto.
Valores de la educación sexual
Con la educación sexual también se transmiten valores, modelos de conducta y se desarrolla la afectividad. Se puede favorecer la aceptación positiva de la propia identidad sexual y el respeto hacia el otro para disfrutar de una sexualidad saludable y feliz. Nos ayuda a nuestro equilibrio personal y saber los límites de lo que podemos o no podemos hacer.
Las fuentes de información preferidas por los hijos son los padres y los profesores. Lamentablemente, no suele darse en el centro escolar una asignatura de educación sexual y se lleva a cabo, si es que sucede, de forma transversal. Sabemos que menos del 50% de jóvenes la recibe y, si la recibiera, sólo suele hablarse de la procreación pero no de afectos, ni de comunicación ni de diferentes formas de vivirla. La educación sexual suele verse como deseable pero no se consensuan ni los contenidos, ni los profesionales que tendrían que impartirla... se deja en el limbo del saber opcional.
Como alternativa, los medios más utilizados son los amigos e internet. Sabemos que los amigos no suelen ser buenos didactas ni suelen estar formados en este tema y que la pornografía tampoco suele tener en cuenta el afecto en sus escenas.
Modelos familiares
Los padres tenemos gran responsabilidad e influencia en la forma en la que nuestros hijos vivan su sexualidad. Sugerimos hablar con la pareja sobre qué tipo de educación queremos darles, informarnos con libros, revistas y vídeos educativos, contestar cuando nos pregunten siendo veraces y específicos en nuestros comentarios. Evitemos avergonzarnos cuando desconozcamos algo o nos resulte incómodo hablar sobre este tema (¿lo hemos hecho alguna vez con nuestra pareja?). Es importante ayudar a eliminar los temores de nuestros hijos, no aceptar el silencio como falta de curiosidad e intentar aportar un modelo positivo y adecuado en nuestras demostraciones de afecto con nuestra pareja y con ellos mismos (achucharse, besarse, acariciarse…).
Creemos que una mejor educación sexual ayudará a nuestros hijos en su equilibrio afectivo, mayor acceso a métodos anticonceptivos y recursos preventivos durante la adolescencia y vida adulta, con una menor probabilidad de embarazos no deseados y abortos. Educar sexualmente es prevenir y ayudar a hacer que nuestros hijos vivan su sexualidad de forma libre y placentera.

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