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Cuando existe la esperanza, todos los problemas son relativos

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La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como unas palabras bondadosas"

Sigmund Freud, creador del psicoanálisis

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Bendito veranito

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Bendito veranito

No es una estación más. Es la estación. Cuando llega el verano, el calor y las horas de luz natural se estiran, parece convocada la sonrisa, las ganas de vivir, la necesidad de salir de casa, de dejar la monotonía y de emprender un viaje fuera de los escenarios de cada día. Ganas de playa, de brisa, de montaña, de pueblo… 
Entran hasta las ganas de no hacer nada, de vaguear, de no leer los periódicos, ni escuchar las noticias del mundo, casi ni de leer el blog del Teléfono de la Esperanza. Bueno, sin exagerar, eso es lo último en abandonar, que estas medicinas no se pueden abandonar que después el cuerpo se resiente. Cuando te encuentras con Claudio, el ‘Perdido’ de mi pueblo y le preguntas lo que anda haciendo, él responde: “Estoy buscando a alguien que no tenga nada que hacer para ver si le puedo echar una mano”.
Precisamente cuando todo el mundo disfruta del verano o viaja con el estío es cuando caemos en la cuenta de que no es todo el mundo, pues conocemos a personas de nuestro entorno que por unas causas o por otras no puede salir de la rueda de la monotonía, bien por problemas económicos, bien por problemas de salud o simplemente por tener que atender a algún familiar impedido. Todas esas personas tienen alternativas: compaginar el verano interior a través de alguna buena lectura, salidas puntuales al parque o al campo para escuchar cantar a los pájaros reales, esos que distraen la cabeza que se llena de pájaros imaginarios, escuchar la música preferida… La entrega a los demás tiene recompensa de sobra. Ya lo sabemos, en verano, en invierno y en cualquier época del año.
Os cuento mi experiencia de estos meses del verano que suelen venir cargados de mucha actividad familiar, deportiva y social, donde se abusa algo más de lo debido del comer, del beber y del poco descansar. La sensación que tengo es que durante estas jornadas lo que hago, a modo de batería, es cargar pilas para cuando bajan las horas de luz. Esas vivencias, esos recuerdos del bendito veranito, me sirven para superar el tirón del invierno, para compensar el frío, gris y helador invierno que, al menos en este León nuestro, se suele poner bastante cuesta arriba.
Por eso hay que disfrutar de estos días con los ojos y las orejas bien abiertas, para que queden los recuerdos perfectamente fijados. Pero tampoco nos pongamos como meta entrar en el Guinnes de los récords por hacer el viaje más exótico y la comilona más legendaria. Dejemos que el verano fluya sin insolaciones, sin atracones y sin ansiedad. Piano, piano.
Asín sea.

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