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La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como unas palabras bondadosas"

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El encuentro

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El encuentro

Cierra los ojos, espalda recta apoyada en el respaldo, respiración suave. Toma conciencia del presente, del ahora, ayúdate de tu respiración.
Imagina que vas caminando por una senda de montaña, entre árboles, con flores por la orilla. Hace calor, pero corre una brisa suave que te da en la cara. La sientes. Por un lado discurre un regatillo de agua fresca que baja del monte. Paras a refrescarte. Mojas tu cara, tu pelo, tu nuca. Prosigues el camino. Ahora llegas a una zona llena de árboles con todo tipo de fruta. Paras a saciar tu hambre. Comes la fruta que más te gusta. Está toda en su punto. Riquísima. No te preocupes por comer la que quieras, no te hará ningún daño. Prosigues el camino.
Al llegar a una curva de la senda aparece una cabaña de madera, un refugio de montaña guapísimo. En la puerta te está esperando una persona que consideras muy importante en tu vida, no importa si está viva o si está muerta, está ahí esperándote. Saludas afectuosamente. Te invita a pasar a la cabaña. Es una estancia muy cómoda, humilde, pero tiene lo necesario para vivir. Os sentáis cerca el uno del otro. Podéis cogeros de las manos.
Ahora esta persona que tú consideras tan importante en tu vida te invita a  que le hagas la pregunta o las preguntas que quieras, pues ella está en disposición de responderte a todo. Pregunta aquello que te preocupa, lo que quieras saber, lo que te inquieta, ella te responderá. Tómate unos segundos y pregunta sin ningún temor. Ella, que todo lo sabe porque para eso es sabia, apenas necesita tiempo para responderte con sabiduría despejándote esas dudas que te corroen por dentro. Memoriza sus respuestas.
Ahora es ella la que te hace una petición. Imagina cuál puede ser esa petición o pregunta que te hace tu maestro/a. No te olvides de responder.
Ya llega el momento de la despedida. Pero antes, tu maestro/a te acompaña hasta la puerta y os dais un abrazo, pero no un abrazo normal, sino un abrazo en que esa persona que consideras especial se funde en ti, lo incorporas a tu interior. Pleno de felicidad, tomas el camino de regreso mientras memorizas las preguntas y las respuestas que os habéis hecho hace un rato. Cuando pasas por la zona de las frutas te pararás de nuevo a reponer fuerzas comiendo aquellas que más te gustan, hasta puedes permitirte coger un montoncillo para tu familia. Y recuerda que podrás visitar esa cabaña siempre que quieras a partir de ahora.
Asín sea.
 
Nota: Esta dinámica la viví con alegría, emoción y lágrimas en el primer Taller de Meditación que se ha realizado en el Teléfono de la Esperanza de León bajo la coordinación de Valentín Turrado a quien aprovecho para dar  las gracias públicamente por la gran dedicación y su enorme entrega.

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