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La empatía en la vida cotidiana

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La empatía en la vida cotidiana

Un buen amigo, José Carlos Bermejos, prolífero escritor y sobre todo buena persona, comienza uno de sus libros, Empatía terapéutica (2012), con este bello relato:

“Dos pájaros estaban muy felices sobre la misma planta, que era un sauce. Uno de ellos se apoyaba en una rama, en la punta más alta del sauce, el otro estaba más abajo, en la bifurcación de unas ramas.

Después de un rato, el pájaro que estaba en lo alto dijo para romper el hielo:-¡Oh, que bonitas son estas hojas verdes!

El pájaro que estaba abajo lo tomó como una provocación y le contestó de modo cortante: Pero ¿estás cegato? ¿No ves que son blancas?

Y el de arriba, molesto, contesto: ¡Tú eres el que estás cegato! ¡Son verdes!

Y el otro, desde abajo, con el pico hacia arriba, respondió: Te apuesto las plumas de la cola a que son blancas. Tú no entiendes nada, so tonto.

El pájaro de arriba notaba que se le encendía la sangre y, sin pensarlo dos veces, se precipitó sobre su adversario para darle una lección. El otro no se movió. Cuando estuvieron cercanos, uno frente a otro, con las plumas encrespadas por la ira, tuvieron  la lealtad de mirar los dos hacia lo alto, en la misma dirección, antes de comenzar el duelo.

El pájaro que había venido de arriba se sorprendió: ¡Oh, qué extraño! ¡Fíjate que las hojas son blancas! E invito a su amigo: Ven hacia arriba, adonde yo estaba antes.

Volaron hasta la rama más alta del sauce y esta vez dijeron los dos a coro: ¡Fíjate que las hojas son verdes!”

Eso es la empatía: el ponerse en lugar del otro, “calzar sus zapatos” (que diría Rogers) a nivel cognitivo (comprender al otro) y emocional (sentir al otro). Es, pues, el arte de mirar la situación del prójimo con sus mismos ojos, es decir, perspectiva y sentimientos. Sentir “como si” fueran propios su envidia, sus celos, su rencor o su esperanza, su lealtad, etc.

Si en nuestra vida cotidiana todos fuéramos capaces de ponernos en el lugar del otro (el adolescente, el alumno, el trabajador, etc.) pero también a la inversa (los padres, el profesor, el empresario, etc.) la convivencia sería más fluida y más humana.

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