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Cuando existe la esperanza, todos los problemas son relativos

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La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como unas palabras bondadosas"

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Una llamada a la esperanza

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Diario Digital de León ha querido entrevistar a las responsables del Teléfono de la Esperanza en León, una centralita que atiende las llamadas de las personas que necesitan que alguien las escuche por problemas muy diversos. Piedad Pacho, presidenta, y Aurita Barrera, vicepresidenta, son las encargadas de coordinar a los equipos de voluntarios que descuelgan el teléfono.

 

En la conversación con ellas, que reproducimos a continuación, abordamos cuestiones como su particular forma de trabajar, sus inspiraciones, el trato psicológico y cómo gestionan la  confidencialidad. El Teléfono de la Esperanza atiende a quienes lo necesitan desde hace más de cuatro décadas y se ha ido reinventando con el paso de los años.

 

-¿Podrían explicar, para aquellos lectores que no lo conozcan, a qué se dedica el Teléfono de la Esperanza?

El Teléfono de la Esperanza se dedica a trabajar la salud emocional de las personas, a  través de la atención telefónica, grupos, cursos, talleres… Por ejemplo, hoy tendremos aquí cerca de treinta personas en un grupo de autoestima.

 

-¿En qué se diferencia vuestra forma de apoyar de la de otras organizaciones que prestan ayuda a personas que lo necesitan?

Hacemos cosas diferentes como formar al voluntariado, que en ocasiones se pasa cuatro años aprendiendo. Es una garantía tener a personas tan formadas. Otra diferencia es que atendemos cosas muy fuertes, como tentativas de suicidio. Entonces que la gente que atiende el teléfono esté preparada es fundamental. Cuando viene una persona, habitualmente no está solo sino que viene representando a una familia al completo.

 

-Uno de los aspectos que os caracterizan es que desde el Teléfono de la Esperanza no aconsejáis…

Es algo que tenemos prohibido. No damos consejos a nadie. La persona que da un consejo, en cierto modo, se hace responsable de lo que la otra persona haga. En cambio, nosotros ayudamos a descubrir las fortalezas y valores de la persona, para que con ese apoyo pueda afrontar la vida según considere.

 

-Pero “Teléfono de la Esperanza” es mucho más que una línea fija. Ustedes promueven talleres, seminarios, cursos de autoayuda… ¿Cómo son estas experiencias?

Hay buena afluencia de gente y los resultados son maravillosos. Los responsables de salud mental nos suelen enviar a personas que han estado tratando con psicólogos y psiquiatras, pero el trabajo del grupo hace que estas personas se transformen y cambien su vida.

Tenemos muchos grupos de autoestima, del sentido de la vida, de aprender a vivir… Temas que ayuden a mejorar nuestra salud personal y afectiva, con el objetivo de ser más felices.

 

-¿Es entonces una labor gratificante?

Sí, es muy gratificante. Nuestra satisfacción es que las personas se transformen. Eso da mucha alegría y nos hace hacer este trabajo con ganas. Damos, pero a la vez recibimos mucho.

 

 

-Teléfono de la Esperanza fue fundado por Serafín Madrid en 1971, ¿ha evolucionado mucho su forma de trabajar desde entonces?

La forma de trabajar ha cambiado con la sociedad. Hay que atender necesidades que por aquel entonces no existían. El avance de la sociedad hace que nosotros tengamos que ir de la mano de estos cambios.

 

-Tienen sedes en el extranjero, pero se centran en el ámbito hispanohablante ¿Tienen comunicación con otras oficinas de España o de fuera de nuestras fronteras?

Sí, existe bastante comunicación. Los materiales son comunes y tenemos bastantes encuentros. Por ejemplo, el año pasado tuvimos un congreso en Oropesa del Mar, con 500 personas de toda España. En total, somos unos treinta centros en todo el país y en el mes de junio siempre tenemos una asamblea con dos representantes de cada uno.

Las llamadas que llegan de otras provincias y no pueden ser atendidas por los compañeros de allí, pasan a nuestra centralita también.

 

-¿Cómo es la relación con las personas con las que contactan? ¿Se crean lazos afectivos entre quien llama y su interlocutor al otro lado de la línea?

No, porque se trata de que ellos sean autónomos, no dependientes. A veces, ellos mismos sí que crean cierta dependencia al llamar, puesto que no tienen nadie más que les oriente. Pero la escucha busca no crear dependencia.

 

-¿La ayuda a veces va más allá del cableado telefónico? ¿En ocasiones se ven con las personas a las que prestan apoyo?

No, lo tenemos prohibido totalmente. La ayuda es anónima, aunque les animamos a que si tienen cerca un centro del Teléfono de la Esperanza pasen por allí a ver a algún psicólogo o se inscriban en algún grupo de los que organizamos.

 

-Supongo que se escucharán historias verdaderamente desesperanzadoras, ¿es fácil “desconectar” cuando se llega a casa de lo que se oye?

Hay que hacerlo porque, de lo contrario, no se viviría. Es un poco como los médicos. Tienes que tener tu vida, aunque hay cosas que verdaderamente impactan. A veces, hay personas que necesitan una ayuda individualizada, más que terapias que ralenticen el trabajo del grupo.

 

-Conocerán casos de personas que os han llamado que, con el tiempo, habrán dado la vuelta a su mala situación, ¿nos puede relatar algún caso?

Muchas veces no lo sabemos, ya que no hacemos un seguimiento de la persona. Pero muchos de nuestros voluntarios son personas que necesitaron ayuda del Teléfono de la Esperanza y que han llevado una línea de crecimiento personal que hace que ahora colaboren con nosotros.

 

-La labor psicológica será fundamental en una iniciativa de este tipo ¿Cómo la trabajan ustedes?

Tenemos una psicóloga contratada y otras dos orientadoras en el plano psicológico. Lo que hacen son entrevistas personales de aquellos que nos llaman y necesitan una ayuda más directa. Valoramos quién necesita una cita y quién no. Las entrevistas y los cursos son gratuitos, pero decimos que esto es de “responsabilidad personal”. El alquiler del local y los costes que genera tienen que salir de algún lado, por eso se puede colaborar voluntariamente con el centro. Con la crisis, mucha gente no puede dar absolutamente y se les atiende igual, puesto que no es ninguna condición. Esto es totalmente apolítico o aconfesional, aquí solo miramos a las personas.

 

-¿Hasta qué punto es importante el voluntariado en el “Teléfono de la Esperanza? ¿Se interesan muchas personas por colaborar con ustedes?

Ahora mismo, somos 46 voluntarios. Pero estamos constantemente reciclándonos y teniendo nuevos cursos. Unas quince personas irán a final de mes a Villagarcía de Campos a un curso para prepararlos. Nuestra forma de trabajar es así, con cursos constantes y un seguimiento posterior a los nuevos orientadores.

A todos nos surgen cuestiones en la vida y, a veces, los voluntarios se tienen que ir por otros problemas o trabajos.

 

 

-¿Están cualificados para prestar apoyo psicológico todos los que atienden el teléfono? ¿Hacen algún tipo de formación para los voluntarios que se suman a la causa?

La formación es constante. No se puede coger el teléfono sin estar preparado. A veces, los voluntarios surgen de la propia gratuitad. Muchos de nosotros somos personas a los que se nos ayudó y ahora estamos intentando devolverlo.

 

-¿Hay que ser una persona optimista para cooperar en el “Teléfono de la Esperanza”?

Sí, sin duda. Optimista y positiva. Hay que intentar estar lo más contento y feliz. Todos tenemos una parte positiva y, en realidad, en la vida no cabe otra forma de pensar y actuar que positivamente.

En las carreras académicas te preparas con conocimientos, pero para vivir hace falta también adquirir actitudes necesarias. Afortunadamente, cada vez hay más enseñanzas de Inteligencia Emocional, para que los jóvenes encaucen sus emociones. Es importante formar desde niños para que lleven una buena convivencia con el resto.

 

-En una ciudad como León en la que muchas veces hemos oído lo de “aquí todos nos conocemos”, ¿cómo se lleva en esta iniciativa social, el tema del anonimato y la confidencialidad?

No sabemos los datos de quien llama, ni se los pedimos. No nos vemos, así que es algo que llevamos bien. Realmente, no les conocemos y no tenemos intención de ello. La confidencialidad es una norma y quien no la cumpla es mejor que no venga.

 

-¿La mala situación económica ha incrementado las llamadas a su línea? ¿Se ponen en contacto con ustedes muchas personas que han perdido su trabajo o que “no pueden llegar a fin de mes”?

Sí, hay más llamadas.  Muchas personas llaman porque se quedan sin trabajo. Esto es una causa que luego trae muchos más problemas asociados. Ha aumentado no solo las llamadas, sino la dificultad de abordarlas. Desde 2004, hay un 22% más de suicidios y esto también tiene relación. Los problemas se multiplican.

 

-¿Qué tipo de situaciones son a las que más hacen frente a la hora de descolgar el teléfono?

La parte emocional es la que más trabajamos. Hay casos de personas que tienen enfermedades crónicas, otros son casos puntuales que solo quieren comentar un problema determinado.

Hay muchos casos de depresión, de problemas de pareja… Pero, en realidad, la mayoría son un problema de autoestima.

 

-¿Cuál es el perfil típico de persona que marca vuestro teléfono?

Llaman personas de todas las edades. Pero las estadísticas nos dicen que la mayoría son personas de entre 35 y 45 años. Especialmente, son mujeres.

 

-¿Cuántas llamadas recibís al día de media?

En total, unas veinte o veinticinco llamadas al día. Por las noches es cuando más suena el teléfono. Tenemos turnos y hacemos noche aquí, la media nocturna será de unas trece. La duración también es variable, desde diez minutos hasta otras que se prologan más de una hora.

 

-Cada día hay más personas que viven solas ¿La sociedad en la que vivimos está facilitando esta situación?

Sin duda, es algo destacable. Además, hay muchas personas que no saben vivir solas. Por ejemplo, la mayoría de las personas mayores antes vivían con su familia, pero con los cambios de la forma de vivir esto no es igual. Muchas se ven avocadas a estar solas, pese a haber atendido a sus ancestros. Esto es difícil de asimilar. 

 

-¿Cuáles son las próximas actividades que van a realizar?

El día 15 de noviembre es el Día de la Escucha y lo celebramos con distintas actividades. Otros años vamos a Botines, pero este año estaremos en el Salón de Actos del Ayuntamiento el día 13, debido a que el día 15 cae en domingo. Será a las siete y media de la tarde y es de entrada libre. Hay una serie de actividades: cuentacuentos, actuaciones teatrales, lectura de un manifiesto… Todas ellas tienen que ver con una escucha activa.

 

-Por último, ¿qué diría a una persona que se encuentre en una situación desesperada, pero tenga reparo en llamar a su línea telefónica?

Que sepan que estamos aquí para escuchar a todo el mundo. Estamos con los brazos, el corazón y los oídos abiertos para escucharlos. Así que llamen al 987 87 60 06 y les atenderemos con todo e gusto. Eso no quiere decir que les demos la razón en todo, a veces cuestionamos, pero lo hacemos pensando en el bien de la persona que nos llame. Queremos que aprenda sus fortaleces en sí mismo y que no busque los problemas en los demás. Sobre todo, que no tenga reparos porque es absolutamente anónimo. 

 

Texto: V.Vélez / Imagen: S.Arén

 

http://diariodigitaldeleon.com/sociedad-leon/entrevistas/una-llamada-a-la-esperanza-248

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