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Cuando existe la esperanza, todos los problemas son relativos

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Llamadas en busca de la esperanza en Granada

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Foto de Llamadas en busca de la esperanza en Granada

El Teléfono de la Esperanza ha cumplido sus bodas de plata en Granada atendiendo a cerca de cuatro mil peticiones de ayuda. El Teléfono de la Esperanza de Granada sonó a lo largo de 2015 en 3.847 ocasiones. Tras esta cifra, las soledades, adicciones y enfermedades de personas de cualquier edad que emiten una llamada de socorro a la cual suelen recurrir reiteradamente. Casi medio centenar de voluntarios preparados durante meses atienden a estas llamadas siguiendo una normativa que tiene como ejes fundamentales la distancia y el anonimato para escuchar y ofrecer ayuda.

 

La nueva presidenta de la sucursal granadina de esta ONG, Mónica Amaya, explica que la línea aporta "atención en crisis". En la llamada, los voluntarios orientan a la persona que pide auxilio, derivándola a los abogados o asistentes familiares que, entre otros especialistas, colaboran con la organización, o bien poniéndola en contacto otros servicios públicos. Asimismo los hay que simplemente quieren conversar durante unos segundos, dar los buenos días a quien se encuentra en la centralita granadina, que permanece en funcionamiento las 24 horas.

 

En cuanto a las temáticas, Mónica asegura que la crisis económica sigue copando muchas de las comunicaciones. También hay solicitudes relativas a cuestiones legales, o jóvenes con problemas de pareja o dudosos ante determinadas decisiones. En sus tres años como voluntaria, la ahora presidenta ha encontrado casos más duros. Violaciones o agresiones forman parte de una amalgama ante la cual los voluntarios aprenden a blindarse.

 

Tal y como detalla Amaya, está prohibido que estos revelen su identidad a la persona que llama. Tampoco es posible establecer contacto a largo plazo con quienes solicitan ayuda, ya que entre las premisas con las que trabaja esta ONG está la de no generar dependencias, que surgen cuando el voluntario "se involucra más de la cuenta". Todo ello lo aprenden en dos cursos, uno denominado 'Conocimiento de sí mismo' y otro bajo el título 'Crecimiento personal'. Ambos tienen una duración de tres meses y comienzan con un curso intensivo de 35 horas en fin de semana.

 

Todo ello culmina con el seminario 'Relación de ayuda', en el que se prepara técnicamente al agente de ayuda durante cinco meses. En él se trabajan los procesos a tener en cuenta para que las intervenciones telefónicas sean eficaces.

 

Este proceso "a veces echa un poco para atrás", como reconoce Mónica Amaya. Sin embargo, el esfuerzo conlleva una recompensa. Tres de las voluntarias, que no pueden revelar su identidad han conversado con IDEAL sobre sus inicios. Una de ellas conoció el Teléfono de la Esperanza con un décimo de lotería en 2005. "Me interesó mucho de qué trataba. Yo estaba en unas circunstancias en las que lo necesitaba", rememora. Los cursos le sirvieron "muchísimo" y en agradecimiento decidió quedarse y "hacer algo por los demás".

 

El "muchas gracias" es la moneda de cambio ante las horas al aparato. "Yo hace muchos años tenía unos problemas personales que no podía contar a nadie", recuerda otra de las voluntarias, "y entonces llamé al teléfono, me atendieron muy bien y me ayudaron muchísimo". Al cabo de los años se involucró en los cursos, a partir de los cuales se animó a ponerse al teléfono.

 

La tercera conoció el teléfono en Alicante, mientras acompañaba a una amiga en su turno. "La experiencia me impactó", afirma. En la iglesia de San Francisco, ya en Granada, por aquel entonces esta colaboradora atendía a los necesitados. Pero ante el desbordamiento del servicio, recordó su experiencia en la ciudad valenciana. "Llamé a varios sitios y me dijeron dónde podía encontrar a una persona que había sido directora del teléfono en Badajoz y que estaba aquí", narra.

 

A raíz de su interés, en 1990 llegó a Granada el Teléfono de la Esperanza. Esta ONG tiene presencia en el mundo hispanoablante y luso: Oporto, nueve países latinoamericanos, 30 provincias españolas, Zurich, Miami y París. Serafín Madrid fue su precursor allá por 1971, en Sevilla. Este fraile de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios falleció unos meses después en accidente de tráfico, por lo que no llegó a conocer la extensión de su idea, un servicio "cualificado y gratuito", como se define en la web de la ONG, cuyas funciones van desde la atención telefónica a la organización de cursos y talleres.

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