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Las heridas emocionales de la infancia

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Foto de Las heridas emocionales de la infancia

Las experiencias de sufrimiento en la infancia dejan su huella y condicionan nuestro presente y futuro. A veces no queremos recordar este pasado porque nos duele y preferimos la huida hacia adelante sin querer darnos cuenta como esas heridas emocionales de la infancia siguen sangrando.

 

Los traumas de la infancia pueden influirnos tanto durante el resto de nuestra vida porque es precisamente en la infancia cuando aprendemos las emociones básicas, formamos nuestra personalidad y construimos nuestra particular forma de relacionarnos con los demás.

 

Y los niños aprenden a verse a sí mismo, básicamente, según han sido vistos por sus referentes: sus padres o los cuidadores influyentes que han tenido los primeros meses de vida.

 

Si nuestra relación con estas personas influyentes en esta primera etapa de nuestra vida no fue positiva y nos generó sufrimiento, entonces habremos sentido una herida emocional, cuyo influjo puede continuar proyectándose en el presente y el futuro. Las heridas emocionales más habituales de la infancia son estas cinco: rechazo, humillación, abandono, traición e injusticia.

 

Las experiencias traumáticas de la infancia no se pueden cambiar, pero lo que sí se puede modificar en la percepción de esas vivencias. El problema puede no estar tanto en la experiencia como en las creencias limitantes que hemos adoptado en la infancia y que no nos permiten avanzar en la vida.

 

No se puede cambiar el pasado, pero sí la percepción del pasado, que es todavía más importante. En una situación traumática de la infancia es habitual que las emociones se impongan a la racionalidad, de manera que no se puede reflexionar con objetividad. Así, cuando pensamos en esos hechos pasados, la rabia, la vergüenza, la tristeza o la impotencia dominan nuestra mente y empañan nuestro pensamiento.

 

Las secuelas más frecuentes de las heridas emocionales de la infancia son los problemas de autoestima, el odio a uno mismo o el resentimiento con los demás.

 

En ocasiones, la psicoterapia puede ser muy útil para deshacerse de toda esa basura mental que nos envenena. Cuando experimentamos un bloqueo emocional antes determinadas situaciones o las emociones negativas nos dominan es cuando deberíamos recurrir a un profesional de la psicología. Aunque racionalmente hayamos entendido por qué se produjo nuestra herida emocional de la infancia, puede que no la hayamos aceptado desde un punto de vista emocional.

 

Lo importante no es lo que sucedió, sino cómo vivimos en el presente lo que ocurrió y cómo nos seguirá influyendo en el futuro.

 

Existen diversas técnicas psicoterapéuticas para integrar nuestra infancia. Una de ellas es la hipnosis ericksoniana, que puede resultar muy eficaz para liberarse de los condicionamientos del pasado.

 

Otra técnica útil es la terapia EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por los Movimientos Oculares, en sus siglas en inglés), descubierta por Francine Shapiro, que ayuda a aliviar la angustia producida por los traumas de infancia y a reprocesar estos sucesos quitando la carga tremendamente negativa que los acompañan.

 

El mindfulness también puede ser una técnica terapéutica indicada para reconciliarse con el pasado y sanar las heridas emocionales de la infancia.

 

 

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