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Cuando existe la esperanza, todos los problemas son relativos

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Los leoneses no son de dejarse oír

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En la otra punta del hilo telefónico hay profesionales que, con su escucha, ayudan a superar momentos de angustia, incomunicación, soledad... Es el Teléfono de la Esperanza, una oenegé que se instaló en León hace diez años y que recibe una media de 1.500 llamadas al año. Casi todas de fuera de la provincia. Sólo 50, el 3,33% del total, son llamadas de leoneses. A la presidenta de la oenegé de León, Piedad Pacho, le llama la atención esta baja participación. «En León hay mucha problemática, pero la gente no la expresa. Son muy pocos los que llaman».

 

Mientras el cómputo general de llamadas ha aumentado por la crisis económica y los problemas de depresión y ansiedad motivados por la falta de trabajo y sus consecuencias para las relaciones sociales y familiares, los leoneses «prefieren guardárselo para ellos. Somos muy poco dados a contar los problemas, que no salen de casa».

 

El servicio, atendido por cuarenta personas voluntarias especializadas, funciona 24 horas al día. El 38% de las llamadas que recibe el Teléfono de la Esperanza de León están causadas por problemas psicológicos. Otro 17% esconde problemas con las relaciones o familiares.

 

Pero el teléfono ha decidido no esperar paciente las llamadas. Un convenio con el Ayuntamiento de León ha invertido el tradicional funcionamiento de trabajo. Ahora son los voluntarios los que llaman a las casas. Y han elegido al perfil más vulnerable: las personas mayores. En lo que va de año ya han llamado a cien. «Llamamos todas las semanas. Son personas mayores de 70 años que viven solas, que necesitan que alguien las escuche». El objetivo: «Dejar de ver la cara triste que tienen muchas personas mayores».

 

Tristeza y soledad. Esos son los dos grandes malestares en la tercera edad. «Esta sociedad tiene que cambiar. Las personas mayores deben tener más apoyos para que no estén tan solas. Agradecen cada llamada, cogen mucho cariño a la personas que las llama, que se interesa por ellos, que les escucha. Se muestran abiertas, cariñosas y agradecidas». El tema de conversación suele repetirse. La relación con los hijos. Por defecto generalmente. «Lo que más les preocupa son los hijos, se quejan de que los visitan poco».

 

Para llevar a cabo este servicio el Ayuntamiento de León ha aumentado la subvención destinada al funcionamiento del Teléfono de la Esperanza. De los 3.000 euros antes del convenio a los 5.000 actuales. «Hay personas que no se pueden mover de sus casas. Viven situaciones delicadas».

 

A pesar de que la administración proyecta políticas para un envejecimiento activo y saludable, hay una generación de personas mayores que viven la vejez con ansiedad, miedo y depresión. «Sienten que se les va la vida. Es triste envejecer. Se sienten solos. Personas que han llevado las riendas de su vida ahora están en función de los hijos. Tendría que haber más servicios sociales de apoyo a las personas mayores cuando se ven impotentes después de haberlo dado todo por la sociedad».

 

La falta de comunicación y compañía, el aislamiento, la carencia de afecto, la falta de cariño, la tristeza y la depresión son las causantes de los sentimientos de soledad. Una de cada cuatro personas se siente sola y el 24% recurren a las redes sociales. Otro 73% enciende el televisor o la radio. El Teléfono de la Esperanza de León — 987 876006—recibe 1.566 llamadas, un 26% más que el año anterior. Al otro lado una voz amiga.

 

Piedad Pacho acaba de salir del turno de noche en el Teléfono de la Esperanza en León. Ha atendido varias llamadas. «Lo primero que falla es la poca perspectiva de futuro que hay cuando falta el trabajo», dice.

 

La ausencia de trabajo hace aflorar todas las carencias emocionales. Complejos de inferioridad, relaciones sociales negativas y pérdida de la confianza «descentran mucho a las personas, que quieren desaparecer. Llaman al teléfono pero se niegan a seguir las pautas que les aconsejan los psicólogos. Desconfían de todo el mundo. Tienen experiencias muy negativas de la vida». Entre los objetivos de la oenegé está el diseño de estrategias de prevención del suicidio. El diputado Íñigo Alli de Unión del Pueblo Navarro (UPN) registró el 30 de marzo una proposición en el Congreso de los Diputados que insta al Gobierno para que desarrolle, en el plazo de seis meses, un Plan Nacional de Prevención contra el Suicidio con medidas, políticas y programas concretos actualmente inexistentes en España. El presidente del Teléfono de la Esperanza en España, Juan Sánchez Porras, estuvo presente en el momento del registro de la proposición no de ley visualizando el apoyo de la sociedad civil a la iniciativa del político navarro y ofreciendo la experiencia de la Asociación que preside para trabajar, junto con otros colectivos, en la prevención del suicidio.

 

El 8% de la población vive sola por obligación. Los grupos sociales más susceptibles de sufrir soledad son mayores, pobres y parados. El estudio La Soledad en España, de Juan Díez Nicolás y María Morenos Páez, destacan que la soledad no equivale a aislamiento social. Se puede estar socialmente aislado y no sentir soledad; y estar socialmente muy acompañado y sentirse solo.

 

Talleres

 

Pero el Teléfono de la Esperanza es más que una llamada. Pese al incremento de llamadas, el servicio fuerte de la oenegé son los talleres a los que asisten una media de 300 personas al año. Acuden a los talleres para aprender a elaborar un duelo, desarrollo personal, recuperar la alegría de vivir y prepararse para ejercer el voluntariado. Los cursos son, como los llama Piedad Pacho, «de colaboración responsable». No hay una tarifa establecida y cada participante paga lo que puede. «Quien no puede, no paga».

 

El perfil de personas que asisten a los cursos es variado. Las edades van de los 17 años en adelante. «Hay una gran acogida. Nos tratamos desde muy en el fondo. Los grupos sirven para una ayuda directa. Llegan personas que ya están en tratamiento psicológico por depresión y angustia. Es el perfil mayoritario con el que nosotros trabajamos. Las pastillas no curan todo. En los cursos les enseñamos a valorarse y se consigue una transformación muy grande, especialmente en la gente más joven».

 

http://www.diariodeleon.es/noticias/sociedad/leoneses-no-son-dejarse-oir_1153059.html

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