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Cuando existe la esperanza, todos los problemas son relativos

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Extremadura quiere frenar los suicidios

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Foto de Extremadura quiere frenar los suicidios

No son valientes ni cobardes. Son solo personas que quieren dejar de sufrir. Algunas avisan y otras no lo hacen. Pero detrás de todas ellas hay una historia de desesperanza, de ahogo, de soledad y de silencio. Sí, porque el suicidio es un drama silenciado, un tabú de nuestra sociedad por diferentes motivos.

 

A quienes intentan quitarse la vida y no lo consiguen les puede la vergüenza. A familiares y amigos de quienes lo logran les asfixian la culpa y el dolor. Y todos venimos silenciando el drama por miedo al 'efecto dominó'.

 

Pero la situación empieza a cambiar. «No sólo es conveniente romper el silencio, sino que es necesario acabar con el estigma que rodea al suicidio en todos los ámbitos», deja claro Beatriz Martín, subdirectora de Salud Mental del SES.

 

«Porque el silencio no vale para nada, porque ocultar sirve de poco; es necesario hacer planes de prevención para evitar estas muertes y de ayuda en el duelo a quienes las sufren», afirma Pedro Moreno, presidente de la asociación 'Qué bonita es la vida'.

 

 

«Hay que hablar del suicidio, de los recursos con los que contamos para ayudar, para que quienes sufren sepan que no están solos», defiende Laura Carrillo, psicóloga del Teléfono de la Esperanza.

 

«Para que se normalice el suicidio hay que hablar de él y preparar a los profesionales para atender esta problemática», mantiene Antonio Floriano, médico del Centro de Escuchas San Camilo.

 

Porque silenciar un problema no lo hace desaparecer y los números están poniendo sobre la mesa una dura realidad: «El suicidio supone un verdadero problema de salud pública al que como Administración tenemos la obligación de hacer frente», resume Beatriz Martín.

 

El suicidio es la principal causa de muerte no natural en España, está produciendo el doble de muertes que los accidentes de tráfico, 13 veces más que los homicidios y 80 veces más que la violencia de género, siendo también, después de los tumores, la primera causa de muerte en la juventud española (15 a 34 años). Sólo en lo que llevamos de siglo en España se han producido casi 60.000 suicidios. En el mundo, el suicidio causa más muertes que las guerras y los homicidios juntos.

 

Es la dura realidad que desvelan los números publicados por la Fundación Salud Mental de España a través de su Observatorio del Suicidio. Una herramienta que ha puesto en marcha esta entidad «con objeto de mantener, analizar y divulgar los datos sobre la conducta suicida en España, de manera que sirva como punto de partida para su prevención y disminución», declara en su web.

 

Una de sus actividades es analizar las estadísticas que existen al respecto, como las de defunción por causas de muerte que, con un decalaje de dos años, publica el Instituto Nacional de Estadística (INE). Y las últimas, correspondientes al año 2016, contabilizan 3.569 muertes por suicidio en el país, es decir, casi 10 suicidios diarios, uno cada dos horas y media. A pesar de que en 2016 se mantiene prácticamente igual el número de suicidios respecto a 2015, año en el que disminuyeron significativamente, tanto en mujeres como en hombres, después de cuatro años consecutivos aumentando, rompiéndose así lo que parecía una tendencia al alza desde 2010.

 

Sin embargo, la realidad en Extremadura es diferente. Nuestra comunidad siempre ha estado al final de la clasificación. Junto con Madrid, venía siendo la región con un menor número de suicidios al año. Los 74 contabilizados en 2013 –primer año que aparece en el observatorio– disminuyeron hasta los 63 en 2014 y hasta los 58 en 2015. La tasa regional fue ese año de 5,3 frente a los 7,7 de tasa media nacional. Pero los datos de 2016 arrojan un vuelco notable. Se han contabilizado 82 suicidios, un 41% más que el año anterior, y la tasa se ha disparado hasta casi alcanzar la media. 

 

«La causa de los suicidios es multifactorial, por lo que una única explicación no es posible», afirma la subdirectora de Salud Mental del SES. «Estamos hablando de un año concreto y necesitamos una tendencia plurianual para poder analizar. Entre los años 2009-2015 la tendencia es claramente a la baja, con picos en los años 2010 y 2012», añade. Y ahora también con el de 2016 y los 82 suicidios contabilizados, 66 hombres y 16 mujeres.

 

Se trata de una relación que sigue el patrón nacional. De los 3.569 suicidios de 2016 en España, 2.662 son hombres y 907 mujeres. «La media española registra el triple de suicidios de hombres respecto a mujeres, aunque ellas lo intentan el triple que los hombres», aclara la Fundación Salud Mental España.

 

También que aunque el mayor número de suicidios en ambos sexos se produce entre los 40 y los 59 años, el riesgo de suicidio aumenta con la edad, sobre todo en varones, que llega a multiplicarse por siete respecto a las edades más tempranas.

 

Los meses de invierno son los que registran menor número de suicidios, mientras los picos se producen en el inicio de la primavera (marzo), el verano (julio, que es el mes con mayor número de suicidios diarios) y el otoño (septiembre).

 

Tanto desde la fundación como desde otras organizaciones y asociaciones que se han creado especialmente en los últimos años, como los grupos de apoyo a los supervivientes –personas que han perdido a un ser querido por suicidio–, se viene reclamando información, prevención y acciones concretas para atender este problema de salud pública. Coinciden en que urge actuar para zanjar los prejuicios que rodean al suicidio, que hacen que no se hable de ello, para que las personas en situación de riesgo puedan expresarlo y se decidan a buscar ayuda. Y así frenar las muertes voluntarias a las que lleva la desesperanza absoluta, «la falta de fe en la vida», dice Pedro Moreno.

 

La asociación que preside solicitó públicamente hace un año al SES un plan de lucha. Lo hizo el 10 de septiembre, coincidiendo con el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. Y la Consejería de Sanidad lo aprobó el pasado día 10, coincidiendo con la misma conmemoración.

 

«Llevamos 20 días desarrollando sus acciones y tenemos ya prevista la formación a los profesionales para el año que viene, estamos procesando la información epidemiológica disponible y hemos acordado que existirán secciones de prevención del suicidio en otros planes (cáncer, cuidados paliativos, etcétera)», detalla Beatriz Martín.

 

Afirma también que «estamos pendientes de un encuentro con todos los medios de comunicación de cobertura autonómica y ya tenemos un borrador de la guía de acción para la promoción de la Salud Mental en el ámbito educativo». Y adelanta que se formará un grupo de trabajo para elaborar antes de final de este año el 'Código Suicidio', para establecer el protocolo que marque cómo hay que actuar cuando se detecta un caso.

 

Sin olvidar la formación de los profesionales: «Estamos hablando de profesionales cualificados a los que es preciso no obstante formar de manera específica en el suicidio. El plan recoge como un pilar fundamental la formación a sus profesionales para que puedan hacer una adecuada valoración del riesgo de suicidio y, de acuerdo a esa valoración, puedan indicar las intervenciones más apropiadas para la prevención de conductas suicidas, o si ya se han realizado, que sean atendidas de la mejor manera posible. Para ello, se ha diseñado un plan formativo que incluye formación presencial y online tanto para los profesionales de Atención Primaria, como para los de la Red de Salud Mental de Extremadura en cada una de las ocho áreas del Servicio Extremeño de Salud».

 

Aunque aún queda un largo camino por recorrer, Extremadura se ha puesto en marcha para frenar los suicidios en la región, para aumentar la detección de los casos y así poder ofrecer una salida a quien no la ve. Una labor que en la región están llevando a cabo asociaciones sin ánimo de lucro.

 

Es el caso de la asociación Qué bonita es la vida, que comenzó su andadura hace un par de años, y especialmente del Teléfono de la Esperanza y también del Centro de Escuchas San Camilo, con larga trayectoria y experiencia en la región en ayudar a quienes se encuentran desesperados y solos, a quienes se sienten desbordados por sus problemas, a aquellos que no hallan sentido a su vida, a los que ven en el suicidio una forma de liberación.

 

Dar esperanza

 

«Vivimos en una sociedad que cada vez tiene menos esperanza, menos oportunidades y más presiones», afirma Pedro Moreno. Una sociedad en la que la vida se complica «y que hace que muchos pierdan la fe en ella y que, por diversos factores, la persona no vea otra salida que el suicidio».

 

Un pensamiento que se produce en más ocasiones de las que pensamos y en muchas más personas de las que creemos. «Hay un aumento de casos, es así, quizás porque ahora más que antes la gente se expresa más, habla más, desea más liberarse», señala Laura Carrillo.

 

También, posiblemente, porque cada vez son más los que conocen el Teléfono de la Esperanza, que en la región lleva funcionando desde 1973. Más de una treintena de llamadas diarias recibe esta herramienta de ayuda en Extremadura. La mayoría de personas de más de 30 años y «casi por igual de mujeres y hombres; antes eran mujeres las que llamaban en la gran mayoría de los casos».

 

Problemas de salud mental, de conflictos familiares, de pareja, sociales, laborales... «personas que se sienten solas, que están en una situación de crisis, de desesperación». Y que marcan el Teléfono de la Esperanza para desahogarse. «Y nosotros escuchamos porque necesitan eso, desahogarse», reconoce Laura. Otros buscan también una solución, encontrar la luz al final del túnel. «Y entonces les ayudamos a encontrarla con sus recursos, los que se les olvida que tienen».

 

De ahí que saber escuchar y saber qué decir ante lo que se está escuchando sea vital. «Por eso tanto psicólogos como voluntarios estamos formados, es imprescindible para saber dar una respuesta a una persona en una situación desesperada». En la que se encuentran todos los que acuden al Teléfono de la Esperanza, aunque en diferentes grados.

 

Porque «tenemos personas que llaman para decirnos que están estudiando la opción del suicidio y también las de quienes nos comunican directamente que lo van a hacer y cómo», afirma Laura Carrillo. En esos momentos, cuando un psicólogo o voluntario del Teléfono de la Esperanza se encuentra ante un caso así, «pedimos permiso a la persona para poder informar a la policía o al personal sanitario para que vayan donde se encuentre y actúen para evitar el suicidio». Pero si no obtienen ese permiso, «no podemos hacer nada», reconoce la psicóloga.

 

Cuando la persona está estudiando la opción de quitarse la vida como última salida a su sufrimiento, como el único modo de liberarse que le queda, «buscamos con ella los motivos que tiene para agarrarse a la vida, tanto por teléfono como citándola si acepta un encuentro personal con nosotros para poder continuar ayudándola, para enseñarle a centrarse no en lo que le falta en ese momento, sino en lo que tiene».

 

De la misma forma que se ayuda a los supervivientes, a las personas que han perdido a un ser querido que se ha suicidado. «Es un duelo diferente y muy duro y quienes lo pasan acuden a nosotros sobre todo al principio, cuando se sienten más culpables».

 

Desde el Teléfono de la Esperanza se insiste: «Nadie está solo, estamos para ayudar sin juzgar». Desde la asociación Qué bonita es la vida se reclaman «más recursos para prevenirlo». Y todos piden romper el silencio y acabar con el tabú. Y hacerlo, especialmente, de la mano de quienes pensaron en algún momento quitarse la vida y lograron no hacerlo. «Estos testimonios ayudarían de verdad a muchas personas».

 

https://www.hoy.es/extremadura/extremadura-quiere-frenar-20181006165500-nt.html

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