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La soledad acapara la mayoría de las 3.000 llamadas anuales de los vallisoletanos al Teléfono de la Esperanza

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¿Cómo se escucha? Una pregunta que parece fácil de responder pero que supone un acto mucho más complejo que dejar entrar sonido en las orejas. «Tienes que permitir que las personas hablen, no juzgarles, vincularte con sus sentimientos y no filtrar sus opiniones». Un consejo práctico que parece no seguirse en Valladolid, porque cada año 3.000 vallisoletanos se ponen en contacto con El Teléfono de la Esperanza para expresar los aspectos que otros ignoran.

 

«Todos queremos sentirnos escuchados», afirma Asun. Todos quieren tener cerca a un individuo que escuche sin más pretensión que esa, escuchar. «La soledad es la causa más habitual de llamadas en la ciudad», confirma Belén.

 

Oír y escuchar son dos verbos que pueden parecer sinónimos, pero que son distintos. Oyes murmullos, oyes el ruido de los coches, o el gorgojeo de las palomas, o la lluvia caer. Pero escuchas la preocupación, el logro o el fracaso de esa persona que te habla. A veces, cuando no te interesa el tema de la conversación, simulas escuchar aunque solo oigas. Escuchar implica intención de entender. «Quien llama es porque siente que no le escuchan. No necesariamente está solo, muchas veces esa persona forma parte de una familia».

 

En el 60% de los casos, quienes se ponen en contacto con el Teléfono de la Esperanza son mujeres. En el 40% restante, hombres. «Llaman individuos de todas las clases sociales y culturales». Dos voluntarias del teléfono de la Esperanza, Asun y Belén, anotan que los problemas sociales y la necesidad de sentirse escuchado es independiente de la clase social y cultural. A pesar de lo que muchos puedan pensar, individuos de todas las condiciones establecen conversación con los voluntarios. Unos voluntarios que ejercen la escucha activa y a quienes lo único que les importa es dar apoyo.

 

Asun remarca una y otra vez que el Teléfono de la Esperanza no atiende exclusivamente suicidios. Y es que el teléfono ha tejido la fama de ser el último teléfono al que llamar, ese al que acudir cuando ya se ha tomado la decisión final. La entidad se reafirma como un teléfono que «cubre la necesidad de ser escuchado». Lo hace en situaciones de crisis, causadas por la soledad o por otros momentos en los que los solicitantes tan solo quieren expresar sus problemas. No tan solo en episodios de suicidios.

 

Asun y Belén apostillan que el suicidio es un tema tabú en la sociedad y sobre el que existen ciertos prejuicios. «Cómo no lo viste llegar o si era muy majo son pensamientos habituales entre las personas que conocen algún caso de suicidio». «Se castiga mucho a los familiares de la víctima, cuando hay que entender que quien toma esa decisión es que piensa que así dejará de sufrir», puntualizan. Según explican, en muchos casos se puede poner remedio a las situaciones de la gente. Porque según indican, «el dolor es inevitable, el sufrimiento se puede controlar». Una frase que va más allá del exhibicionismo lingüístico. Porque, como inciden, es necesario trabajar la inteligencia emocional: «Debemos aprender a reconocer nuestras emociones y reforzar nuestro vocabulario emocional para tener la capacidad de afrontar con éxito los problemas».

 

La entidad vallisoletana forma parte de una red más amplia, que tiene sede en 32 provincias españolas. No tiene ánimo de lucro y se rige por el sistema de «voluntariado formado». En el local –emplazado junto a la avenida de Palencia– varios voluntarios se organizan en puestos de orientador (atienden las llamadas) y coordinador (dan clases de formación al público y a los nuevos integrantes). El terminal cuenta, además, con dos psicólogos de carrera que ocasionalmente prestan servicio a quienes no pueden permitirse pagar una terapia psicológica.

 

Mayores sin compañía

 

La soledad es el principal motivo de las llamadas al teléfono de la Esperanza. Aunque según apuntan las voluntarias Asun y Belén, se da con mayor incidencia en la ancianidad. Porque en la provincia, 26.478 mayores viven solos y dentro de un decenio serán 38.220.

 

En este caso, el Teléfono de la Esperanza pasa de la pasividad de esperar las llamadas a la proactividad de ponerse en contacto con los ancianos. En la actualidad, mantienen un convenio con el Ayuntamiento de Valladolid para realizar llamadas a esas personas mayores que han perdido contacto con familiares y amigos a causa de la edad.

 

 

https://www.elnortedecastilla.es/valladolid/alguien-escucha-tras-20190218112645-nt.html

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