Teléfono de la Esperanza utiliza cookies para mejorar su navegación y ofrecer contenidos de interés. Si sigues navegando estarás aceiptando su uso. Más información

Suscríbete

Cuando existe la esperanza, todos los problemas son relativos

Terminos y condiciones de uso
La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como unas palabras bondadosas"

Sigmund Freud, creador del psicoanálisis

Comunicación / Noticias

esquina cuadroesquina cuadro

Buscar noticias

otros accesos

Hemeroteca

La soledad es un regalo y hay que abrirlo aunque por fuera tenga mala pinta

Compartir en Facebook
Foto de La soledad es un regalo y hay que abrirlo aunque por fuera tenga mala pinta

El experto Fidel Delgado replantea este tabú como una oportunidad para revisar nuestra vida cuando nos hemos 'envasado al vacío'

 

Solos llegamos a la vida y solos hemos de partir. Y entre el génesis y el fin vivimos inmersos en la vorágine de la era de la comunicación, adonde parece imposible quedarse aislado. No lo es. La soledad nos acompaña. Y en algunas personas se enraíza hasta el tuétano y de ahí no sale. Es la soledad mala. La que no se elige y nos llega sin haberla deseado.

 

Se habla poco de ella en tiempos de clic rápido. A la soledad le pasa algo parecido a la muerte. «La gente saca conclusiones rápido-tópicas porque no tenemos tiempo para profundizar», advierte Fidel Delgado, aunque en realidad es porque se teme y se evita. Por eso, el psicólogo clínico y especialista en Psicología Hospitalaria propone dar la vuelta a la inercia:«¿Y si la miramos sin miedo y la escuchamos para ver qué nos quiere enseñar?», animó ayer en la conferencia Afrontando la soledad, organizada por el Teléfono de la Esperanza de Baleares con el aforo hasta la bandera.

 

Basta un símil para entender su mensaje. Cuando los niños (y los mayores) se asustan, cierran los ojos y se encogen. «A partir de no ver inventamos, fabulamos, teorizamos y, sobre todo, nos quedamos quietos; porque si corremos con los ojos cerrados, lo más fácil es que nos autoenredemos y no saquemos ninguna conclusión». Moraleja: hay que abrir los ojos. También para afrontar la soledad. Sin victimismos.

 

«Algunas personas se acercan para cotillear», lamenta el experto. Quieren conocer experiencias terroríficas de otras personas para que contribuyan más a cerrar los ojos y alimentar terrores. «No entienden que la soledad es una vivencia que la vida te trae, -aunque no la desees- para que des un paso más allá y dejes de vivir encapsulado». Lo que él llama encerrase en temores que progresivamente nos encogen y que nos aprietan hasta dejarnos «envasados al vacío».

 

«Mucha soledad viene por la autoprotección, por estar a la defensiva», sostiene Delgado. Y se paga con el enorme impuesto de no respirar y de no sentir». Reconoce que salir del envase al vacío tiene sus peligros: «Se empieza a estar en contacto con la vida que se mueve y con las cosas que pasan».

 

Hay personas cuyo único contacto con la vida pasa a través de la pantalla o del auricular, «sitios que tienen de la vida una ínfima partícula». Y a pesar de que constantemente nos están llegando estímulos, si tenemos «la persiana bajada y el cinturón de seguridad apretadísimo, no nos moveremos». La oferta de vivir se convierte en temor de vivir.

 

Lo que quiere decir Delgado es que hay soledades que se ganan a pulso. Por ejemplo, la de esa gente que coloca el mal y el bien fuera de su jurisdicción y «que se queda dentro, a la defensiva, haciéndose más vulnerables», echándole la culpa al mundo. ¿Nos suena?

 

Posiblemente sí... pero en el ojo ajeno. Porque muchas veces, no somos conscientes. «Hay ciertos niveles en que no te haces cargo de que eres tú la fuente de ese malestar». Se les reconoce por este soniquete:Qué desagradecida es fulanita, no me han llamado para ir a tal sitio o es que la gente siempre abusa de mí... «Si, además, te juntas con otros para hacer pandas reivindicativas, acabas siendo una víctima ambulante».

 

También hay culpa externa. Curiosamente, la soledad está alentada por medios que venden antisoledad, diversión, vinculación y entretenimiento, advierte el experto. Su nicho de mercado es la gente que busca paliar ese semiagujero negro. «Lo que ocurre es que todo lo que llega se puede reciclar mal y convertirse en dañino para ti», dice Delgado en alusión a esa gente que hace «colección de traumas mundiales».

 

El psicólogo, con una larga experiencia en acompañamiento en las unidades de paliativos en los hospitales, incide precisamente en la importancia de acompañar, también en la soledad. «Hay que decirle a estas personas que la soledad es un regalo. Pero hay que abrirlo aunque por fuera tenga mala pinta». Si se abre, nos obsequia con un momento clave de «lucidez» y descubriremos una oportunidad para salir de hábitos y rutinas en las que estábamos enredados.

 

En ese sentido, el Teléfono de la Esperanza hace una labor «preciosa», reconoce Delgado. Hay muchas personas que llaman porque no tienen con quien hablar. «Pero, ojo, el asunto clave es adónde les acompañamos», insiste. Siempre a mirar adentro del regalo.

 

 

https://www.elmundo.es/baleares/2019/02/07/5c5bdea7fdddff501a8b46ea.html

 

 

noticias anteriores

Ver más noticias »
esquina cuadroesquina cuadro
Acceso al área privada Logotipo de sanidad y política social Excelencia Logotipo Xsolidaria Logotipo Fundación Obra
															Social - La Caixa Diseño y desarrollo web O2W eSolutions